Cuando la soledad descubre al sol y a la edad en la era digital

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¿Qué es estar sola o solo? Si el sol hablara quizás nos daría una respuesta adecuada. ¿Cuánto hace que el sol emana su energía? Seguro que mucho más que la historia de la vida en la tierra. Hay una continuidad cómplice y complementaria entre todo aquello que nos hace y deshace. El corazón al lado del pulmón, tu bicicleta al lado de la mía, la vereda al lado de la calle y de la casa, el plato al lado de la cuchara y de tu cara, el baño al lado de la habitación y de mi espalda, la conexión de luz al lado de la del gas y del agua. Todo se va relacionado con todo. Sin embargo, a veces nos sentimos solas o solos. Pasamos una vida aprendiendo a estar con los otros, a no estar solas o solos. El suelo no siempre es tan sólido como parece. Porque los otros se van, desaparecen, o algo de nosotros se nos escapa y se transforma en otra cosa. Cuando hablamos de tolerancia, generalmente pensamos en las diferencias entre los individuos, pero ¿podemos ser tolerantes a nuestra propia soledad?, o inclusive, ¿a la soledad de los otros? Hay personas que padecen la soledad, hay personas que la prefieren, y hay otras que la combaten. Como el miedo, algo hay que hacer con el miedo, con nuestros miedos, quizás exagerados, o adaptados o por qué no subvalorados ¿Tenemos miedo a la soledad? ¿Tenemos miedo al sol o a la edad? Sabemos que el exceso de sol no daña, nos quema, nos mata. ¿Y el exceso de edad? ¿Nos quema?¿Nos daña? ¿Nos mata? Quién sabe…, tal vez sí, tal vez no. ¿Y el exceso de soledad? ¿Nos quema? ¿ Nos daña? ¿Nos mata? Quién sabe…, tal vez sí, tal vez no ¿Y en la era digital ¿En la era del exceso digital? ¿Estamos conectados para no sentirnos solas o solos? Quién sabe, tal vez sí, tal vez no.

El Gondwana digital pulsa sus latidos de interconección, y si el antiguo Gondwana, ese que formó un solo bloque continental y que vio a la tierra unida, ahora se reúne por un entramado de redes virtuales, es evidente: necesitamos estar unidos desde adentro, desde la intimidad del cuerpo, sí, que el hígado se una con el intestino y la pierna con el muslo para sentirnos uno. Pero a nivel social también lo necesitamos, está en nuestra esencia como organismos vivientes. ¿Y la soledad? La soledad nunca está sola ni siquiera cuando juega al solitario. El texto en su soledad encuentra al lector, ya son dos. Rodrigo exclama: ¡el sol no está solo! ¡Hay planetas a su alrededor! Seguir y seguir en el porvenir que es una mutación que cambia su piel y su vestuario cada día, cada noche. Las palabras tampoco están solas, forman parte de un lenguaje, y el lenguaje de una cultura, y la cultura de nosotros. Si la palabra soledad se descompone en un sol que emana cálidos silencios, y en una edad que nos transforma en continuidades frágiles y transitorias; entonces, podemos repetir que la soledad no está sola, aún cuando giremos sobre lo mismo, y sintamos los márgenes herrumbrosos de la nada horadar nuestros afectos.

Dr. Pablo Nani, médico psiquiatra, Servicio de Salud Mental del Hospital de Las Grutas Violeta Villalobos.

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