114 años de San Antonio Oeste: temple y la firmeza de los pioneros

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HISTORIAS SANANTONIENSES. Esta ciudad guarda el privilegio de haber albergado a casi o bien a seis generaciones, desde su primer asentamiento en el Este. Cuando el flamante gobernador del Territorio de Río Negro, general Lorenzo Vintter, designa con el nombre de San Antonio Este a la población ganadera, ubicada al norte de la península de Villarino, cercana al puerto del Este, el 31 de octubre del año 1885.

Posteriormente, razones de operatividad portuaria e intereses en la comercialización ganadera generaron distintas opiniones con respecto a la reubicación del puerto. Que consistía en llevarlo a un lugar más reparado respecto del anterior y de accesible navegación, por el canal de la Caleta.

Es así como dos antiguos conocedores de la zona, Adolfo Russo y Manuel Benito, se interesan por el tema y realizan un chequeo de profundidad en el canal de acceso. Y comprueban que los barcos que operaban en el Este podían hacerlo en el interior de la bahía, sin inconvenientes, una vez construidos los muelles.

El 10 de julio de 1905 se le reconoce a la firma Sassemberg el primer asentamiento poblacional y se toma esa fecha como la fundación del puerto de la caleta, hoy San Antonio Oeste. Precisamente, el nombre lo recibe por decreto del poder Ejecutivo Nacional, el 6 de enero de 1910.

Es un deber reconocer que fueron muchos los pioneros que se sumaron al llamado “Éxodo del Este”. Tomaron la decisión de trasladarse al nuevo asentamiento, para buscar no sólo una mejor calidad de vida, sino mejorar la actividad laboral, en la insipiente zona del futuro puerto de San Antonio.

Luego, en 1910, el ferrocarril empieza a proveer agua desde Valcheta y lo hace durante sesenta y cinco años, hasta 1975, en que se habilita el canal Pomona- San Antonio.

Cuando llegaban por barcos periodistas de los diarios La Razón y La Prensa de Buenos Aires para informar sobre el tendido de la línea férrea San Antonio al Lago Nahuel Huapi, no se explicaban cómo un pueblo sin agua podía ser cabecera de un ferrocarril autónomo. Era una extraña realidad. Antiguos pobladores sostienen que los sanantonienses vivimos un antes y un después con respecto a la llegada del agua.

Una bisagra que definió dos etapas fundamentales en la vida de una población, que a pesar de no contar con el vital elemento, supo sobreponerse a esa difícil situación. Porque donde no hay agua, no hay vida, dice un viejo proverbio. Sin embargo, ante la escasez, extraía de lo profundo de la tierra, para su consumo y eso era suficiente para seguir subsistiendo, procedimiento también adoptado en el anterior lugar poblacional.

Fue así que con visión de futuro y sed de progreso, las personas intensificaron esfuerzos, para mejorar la calidad de vida. Y eran hombres y mujeres que querían ser leales al lugar que habían elegido, y que estaba junto al mar.

Una historia de vida que sólo pudo ser superada con el temple y la firmeza de aquellos pioneros. Que afrontaron el gran desafío de poblar el litoral marítimo rionegrino, en la costa norte de la Patagonia Argentina(Texto de Adolfo Fragosa en CronistaSAO)

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