La postal de la temporada de verano en Las Grutas no es la misma que en años anteriores. Así lo refleja el testimonio de Rubén, churrero histórico del balneario, quien recorre a diario la playa desde la primera hasta la séptima bajada y advierte una fuerte caída en las ventas respecto de temporadas pasadas.
“A comparación de otras temporadas, bajó un 50%. Bajó mucho”, afirmó Rubén, al describir el panorama actual. Según explicó, el mes de enero, que tradicionalmente solía ser el más fuerte, este año no logró repuntar: “El año pasado muy bien, ahora no. Nunca estamos en un día bueno”.
Entre los factores que influyen en esta merma, el trabajador señaló la inestabilidad climática. “El clima no ha acompañado: un día calor, un día frío, viento. Eso también influye mucho”, explicó. Sin embargo, remarcó que aun en jornadas de mal tiempo, en otros veranos lograban vender en los sectores altos del balneario, algo que hoy prácticamente no ocurre. “Antes, cuando el clima estaba feo, se vendía arriba. Ahora poco se vende, casi nada. Tanto abajo como arriba”, lamentó.
En cuanto al volumen de ventas, Rubén detalló que actualmente comercializa entre 25 y 35 docenas por día, dependiendo de la jornada. “Yo vengo a la tarde solamente, y vendemos 25 a 35, según el día”, indicó. Si bien aclaró que por ahora logra subsistir apenas con ese nivel de ingresos, expresó su preocupación de cara al resto de la temporada: “Si a 20 de enero está pasando esto, quiero pensar que va a mejorar. Ojalá que dé la vuelta, que la quincena aparezca”.
Respecto a los precios, el churrero señaló que intentan mantenerse dentro de un rango accesible para el bolsillo de los turistas. “Nosotros los tenemos a 16 mil pesos la docena, y también la opción de media docena a 8 mil”, explicó, y comparó con otros puntos del balneario donde los valores alcanzan los 18 o incluso 20 mil pesos
Pese a ello, Rubén remarcó que el consumo cambió notablemente. “La gente compra de a media docena, de a tres churros. Media acá, media allá. Está muy controlada con el gasto”, señaló. Incluso describió escenas habituales en la playa: “Un churro para acá, para los pibes, y hasta ahí no más. Todo está limitado”.
En cuanto a las zonas con mayor movimiento, explicó que las ventas se concentran principalmente entre la primera y la tercera bajada, incluyendo la cero. “Después para acá ya no, es más juventud y los pibes no consumen nada”, sostuvo.
Finalmente, Rubén destacó que, además de los churros, ofrecen pan relleno al mismo valor, como una alternativa más dentro de lo que la gente está dispuesta a gastar por día. Sin embargo, reconoció que el escenario es muy distinto al de años anteriores: “Antes bajábamos, vendíamos y no necesitábamos andar gritando tanto. Cambió todo”.
El testimonio refleja una realidad que también afecta a otros trabajadores de playa y comerciantes de Las Grutas, en una temporada marcada por la cautela en el consumo, la incertidumbre climática y expectativas puestas en que la segunda quincena de enero permita revertir, al menos en parte, un verano que hasta ahora viene siendo más difícil de lo esperado.
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