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Somos del equipo de salud, ¿por qué nos tratan diferente? (carta de lectores)

Soy Fernando Melillán, chofer de ambulancia del Hospital de Valcheta. He trabajado en el Estado durante 22 años y, desde la pandemia hasta hoy, comenzamos a tener problemas con el pago de las horas extras en distintos hospitales de la provincia. No digo en todos, porque hay compañeros a quienes siempre les han reconocido su trabajo.

Soy una persona ordenada y responsable, siempre investigando si lo que reclamo está dentro de la ley, pero jamás tuve respuestas positivas a mis reclamos.

Durante la pandemia, como todos saben, quedamos en algunos momentos solo tres choferes en mi hospital, derivando hasta ocho personas por día a Viedma, nuestro hospital cabecera. Además de eso, llevando muestras y todo lo que se pedía. Tuve que ir a enterrar a mi cuñado de 45 años y, horas después, estar nuevamente arriba de la ambulancia. En esos momentos ni se me ocurrió pedir que me pagaran la cantidad de horas que estaba viajando, porque consideré que era obvio que nos tenían que reconocer el trabajo. Pero no: con el tiempo comencé mi reclamo.

Como dije, siempre llevé conmigo anotado todo el trabajo que realicé. Me debían 560 horas extras y la respuesta fue: «Vamos a ver si se puede pagarte un poco más.»

Pasaron años en los que la demanda de trabajo fue creciendo, y continuamos con el mismo problema. Recibí amenazas del estilo «te vas a quedar sin horas, ¿y después qué vas a hacer?». Retrocedía, pero siempre volvía a lo que considero justo: cobrar por lo que uno hace. Hoy han pasado entre cinco y seis años desde que comencé con esto y estoy en la misma situación, o incluso un poco peor. Según nuestra patronal, no se pueden pagar más de 80 horas, pero sí se puede seguir trabajando si nos pasamos de ese límite. Nos exigen estar a disposición del hospital cuando llaman, porque nos pagan 6 horas extras para estar disponibles las 24 horas del día, bajo una reglamentación que establece que con esas 6 horas ya está cubierto todo el tiempo de viaje durante esas 24 horas.

No entiendo por qué en mi hospital es así y en otros les reconocen el trabajo sin ningún tipo de cuestionamiento.

Intentando mejorar mi situación, trabajé durante meses esperando que en algún momento esto se revirtiera. Pensaba ingenuamente: «Cuando me paguen, me acomodo, pago los préstamos, arreglo el auto», y así un montón de cosas que la economía nacional había desacomodado en mi vida. Pero lo triste es que realicé ese trabajo con un pago que no correspondía al 100% de lo que hice.

Pensé mucho en escribir esto, pero no encuentro salida a este reclamo. Me pongo en primera persona, aunque no soy el único que pasa por esto. Hemos logrado muchas cosas; lo último fue conseguir por ley nuestro manual de misiones y funciones, pero no lo podemos poner en práctica porque no hay una orden del Ministerio de Salud. Vuelvo a repetir: en algunos hospitales ya empezaron a implementar cosas del manual sin ningún problema. Hemos tenido comunicación directa con legisladores y solo uno contesta; el resto nos deja en visto.

No pido nada extraordinario, sino simplemente que todo sea acorde a lo que realizamos y bajo normas claras. Yo no me meto en el bolsillo de nadie, pero ¿por qué a mí me cuestionan las horas y a personal que no llega a cumplir su jornada laboral le abonan las extras sin ningún problema?

Trabajamos con personas con problemas de salud, en un hospital de complejidad 4B donde se deriva continuamente. No nos es fácil decir «yo no estoy para viajar porque no me pagan», ya que ese paciente seguramente lo conocemos y puede ser hasta familiar, además de lo humanitario y profesional de nuestro trabajo. Somos quienes llevamos a un grupo de compañeros a cargo durante los traslados.

La situación es muy desgastante, además de generar problemas de salud y tensiones en el seno familiar, ya que pasamos muchas horas fuera de casa.

Hago este escrito con un solo motivo: dar a conocer situaciones que vivimos los choferes de ambulancia. Quiero pensar que el gobierno de turno no tiene idea de la situación, porque siempre estuve a disposición de la salud pública sin ningún problema. Y hoy, que me siento una persona mayor y cansada, no puedo creer que no se me reconozca el trabajo.

Sé que no voy a poder recuperar las horas que he trabajado de más, pero lo que quiero es que, a partir de ahora, no regalar más mi tiempo, porque eso no lo recupero jamás.

Nunca fui partícipe de reclamos con violencia ni nada que se le parezca; siempre busqué el consenso y el diálogo. Me he reunido con personal del Ministerio y con legisladores, siempre con la sensación de no haber sido escuchado. Hicimos kilómetros, llamamos a compañeros para que nos acompañaran y, sin embargo, nos hacían quedar como chicos dándonos unos mates y café en un lindo despacho —eso sí, con foto— y los pocos que nos prestaron atención siempre fueron humildes y, de una u otra forma, nos dieron alguna respuesta. Todo esto me ha llevado nuevamente al descreimiento en la política. Cuando nos entregaron nuestra personería jurídica, después preguntábamos «¿che, qué es esto?» mientras nos sacaban fotos.

Hoy me siento triste y confundido. Quiero pensar que todavía tengo fuerzas para jerarquizar nuestro servicio para las próximas generaciones de choferes.

Aprendí mucho durante este tiempo, pero lo que no me gustó aprender fue que existe mucha maldad en un trabajo que es puramente para salvar vidas. Somos parte del equipo de salud, estamos capacitados, seguimos capacitándonos, siempre estamos al pie del cañón. ¿Por qué no reconocen nuestro trabajo?

Ojalá llegue a personas que les interese la situación de un trabajador de la salud pública y, sobre todo, de un empleado público.

Dejo como mensaje que lo único de lo que me arrepiento es del tiempo que perdí.

 


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