Caídas y fracturas de cadera. ¿Qué hacemos para prevenirlas?



Las fracturas de cadera en ancianos son lesiones frecuentes que producen una alta mortalidad, incapacidad funcional y altos costos médicos asistenciales. Todos los años ocurren en el mundo más de un millón de fracturas de este tipo, sobre todo en personas de avanzada edad. La fractura de cadera es la más grave de las fracturas osteoporóticas. El 90 % ocurre en mayores de 65 años; y 80 %, en mujeres. Las caídas constituyen uno de los síndromes geriátricos más importantes por su elevada incidencia y, sobre todo, por las repercusiones que provocan en la calidad de vida tanto del anciano como del cuidador.

Factores de riesgo para las caídas.

Las enfermedades que pueden modificar el nivel de conciencia son causas frecuentes de caídas; igualmente, el uso incontrolado de fármacos (hipnóticos o sedantes) que disminuyen el nivel de alerta. El anciano institucionalizado también se clasifica como un factor de riesgo de caída y de fractura de cadera. Se aprecia que el mayor porcentaje de accidentes se da en el domicilio y con una menor frecuencia en la calle, y en lugares públicos interiores y exteriores. En relación con los espacios exteriores hay que destacar como factores de riesgo: la multitud de obstáculos y desniveles en las veredas, la mala conservación de las calles; los pisos muy encerados y resbaladizos; la ausencia de superficies antideslizantes en escaleras o rampas. En relación con la familia, cuando el anciano se cae por primera vez, esta tiende a sobreprotegerlo. Aumenta la pérdida de movilidad del anciano. A su vez, esta restricción de la movilidad va a incrementar la dependencia del adulto mayor para las actividades diarias y ello provoca, en muchos casos, su institucionalización.

¿Cómo prevenimos las caídas?

Las acciones educativas dirigidas a prevenir las fracturas de caderas por caídas en adultos mayores de 65 años de edad es una buena estrategia para evitarlas. Varios estudios coinciden en que la realización de actividad física es beneficiosa para la reducción de caídas en los ancianos. Se recomienda hacer ejercicios físicos de intensidad leve-moderada de forma regular, ya que aportan numerosos beneficios a nivel biológico y psicológico: mejora la forma y resistencia física, aumenta el tono y la fuerza muscular, mejora la flexibilidad, reduce la sensación de fatiga, reduce el riesgo de diabetes y el nivel de depresión, rebaja la tensión y el estrés, etcétera. Además, con la práctica regular de ejercicios se puede detener la pérdida de densidad ósea en mujeres posmenopáusicas. Realizar revisiones periódicas del tratamiento farmacológico es otra de las medidas reconocidas por los investigadores. Asimismo, la ausencia de suplementación con calcio y vitamina D, junto a la alta frecuencia de sobrepeso u obesidad, elevado consumo de alcohol, café y habito tabáquico, ponen en evidencia la presencia de malos hábitos nutricionales, particularmente, en el sexo femenino. La hipertensión arterial, el uso de hipotensores, las alteraciones visuales y la artrosis son otros factores de riesgos personales, que influyen en la estabilidad y la salud del adulto mayor e incrementan la posibilidad de sufrir caídas.

Conclusión.

En resumen, se concluye que  las acciones educativas para corregir estos factores de riesgo son efectivas para favorecer la prevención de fracturas de cadera por caídas, lo que legitima su implementación por el equipo de salud.

Dr. Edgar Torres, traumatólogo, Hospital a. Serra.

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