sábado, febrero 21, 2026
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Color y contención social: la murga que convoca a toda la familia en San Antonio Oeste

En San Antonio Oeste, la murga “Guarda que vengo” se ha transformado en mucho más que un grupo artístico: es un punto de encuentro comunitario donde confluyen generaciones, cuerpos diversos e historias personales que encuentran en la música y el baile una vía de expresión y contención.


Así lo expresó en el programa “Verano 2026” por Signos FM y FM Hoy, Noelia Marzullo, integrante activa del espacio, quien destacó el carácter abierto e inclusivo de la propuesta. “Es para todas las edades, para todo tipo de cuerpos, para todo tipo de sexo y cualquier orientación. Todos se suman de diferente manera porque al ser una forma de expresión, hoy por hoy es una buena manera de estar entretenido, de sacar el estrés y de hacer actividad física”, señaló Marzullo, remarcando que la murga no impone exigencias físicas ni artísticas, sino que se adapta a las posibilidades de cada participante.

La agrupación organiza sus ensayos en distintos puntos de la ciudad, con el objetivo de facilitar el acceso y fomentar la participación barrial. Actualmente se reúnen en el SUM de las 30 Viviendas y en el SUM Néstor Kirchner, con encuentros previstos tanto durante la semana como los fines de semana. “Este año vamos a empezar a hacer un día de semana durante las tardes y también los fines de semana. Generalmente nos juntábamos los sábados o domingos a la tarde. Son dos o tres horas de ensayo, practicamos, hacemos estiramiento, elongación, baile y también percusión para quien le guste”, explicó.

La dinámica de trabajo combina preparación física, aprendizaje coreográfico y práctica musical, en un ambiente distendido donde el objetivo principal es compartir y disfrutar. “Terminamos cansados, pero con esa sensación de que lo hicimos, que salió, que lo pudimos hacer en conjunto”, sostuvo.

Uno de los rasgos distintivos de “Guarda que vengo” es su amplitud etaria. Según detalló Marzullo, participan personas de más de 70 años, además de adolescentes, jóvenes y niños. “Armamos la actividad para diferentes cuerpos, cada uno según lo que puede. Es impresionante el avance que tiene una persona que por ahí dice ‘mi cuerpo no me da para hacer esos saltos’, pero empiezan de a poquito y a mitad de año están tirando patadas, se están agachando. Es increíble ver el progreso de hombres y mujeres mayores”, relató.

No todos los integrantes participan necesariamente en las presentaciones públicas. Algunos prefieren formar parte únicamente de los ensayos y del espacio cotidiano. “Si les da vergüenza presentarse no hay ningún problema, porque lo importante es que armemos una hermandad, una comunidad. Somos amigos, nos acompañamos, es un medio de apoyo también”, destacó.

En el caso de los más chicos, la murga se convierte además en una herramienta pedagógica y formativa. “Aprenden sobre música, siguen el ritmo, mueven el cuerpo. Es bárbaro también”, indicó, subrayando la importancia de que niños y niñas encuentren un ámbito creativo y saludable.

La identidad murguera se construye también a partir del vestuario y los elementos escénicos. Una madre del grupo, que es costurera, colabora con la confección de las levitas —la prenda superior característica— facilitando costos para que todos puedan contar con su atuendo. En la parte inferior, la consigna es la libertad: polleras, tutús, shorts, pantalones anchos o ajustados, con flecos o lisos, según el gusto personal. El calzado también es a elección, priorizando la comodidad: desde alpargatas hasta zapatillas deportivas.

A ello se suman galeras de colores, gorros, banderas y cintas que aportan movimiento y color a cada presentación. “Vamos a alegrar a la gente, vamos a llevar color y alegría. De eso se trata la murga, de una expresión de libertad”, afirmó Marzullo.

Más allá del aspecto artístico, el grupo cumple una función social significativa. Marzullo contó el caso de una abuela que históricamente bailaba con la murga y que actualmente atraviesa un tratamiento oncológico. Aunque no puede participar con la misma intensidad, continúa asistiendo a los encuentros. “Nos acompaña, va caminando despacito en el costado con su bandera. Es lindo porque siempre estamos acompañados. Es un medio de apoyo también”, expresó.

Ese espíritu de acompañamiento se replica en el día a día del grupo, tanto en invierno como en verano. “En el invierno hace frío pero llegan igual, y en verano con el calor salimos todos con otra energía. La música es vida, te cambia el ánimo y entre todos nos apoyamos”, agregó.

Desde la murga invitan permanentemente a la comunidad a acercarse, conocer y participar sin compromiso. “El que quiere puede ir a probar un ensayo y después decidir si sigue. Lo importante es animarse”, señaló Marzullo.

En un contexto donde los espacios de encuentro comunitario resultan fundamentales, “Guarda que vengo” se consolida como una propuesta que combina actividad física, expresión artística y construcción de lazos sociales. En cada ensayo y en cada presentación, la murga reafirma su esencia: compartir, reír y llevar alegría a los barrios de San Antonio Oeste.

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