Dolor lumbar ¿Qué sabemos actualmente?


La principal causa de discapacidad en el mundo es el dolor lumbar que afectaría a unos 540 millones de personas según revisiones actuales. El aumento y el envejecimiento de la población son los principales impulsores de esa tendencia, sin olvidar la contribución de un estilo de vida marcado por el sedentarismo, la obesidad o el tabaquismo, entre otros factores de riesgo.

Los posibles orígenes son diversos pero, en la gran mayoría de los casos, el dolor lumbar es de causa “inespecífica”, lo que dificulta su manejo.

Los diferentes investigadores reconocen que la mayoría de los episodios de lumbalgia son de corta duración y se resuelven sin mayores consecuencias, pero las recurrencias son frecuentes y “cada vez se tiende más a concebirla como una condición duradera con un curso variable”. En un 90 por ciento de los pacientes cuyo dolor lumbar es inespecífico, este se resuelve satisfactoriamente en un periodo breve, pero quienes conforman el 10 por ciento restante son los responsables del mayor impacto económico del dolor lumbar, ya que buena parte de ellos se encuentran en edad laboral”.

Manejo actual.

Generalmente, y de forma errónea,  el manejo se centra de forma exclusiva en el dolor. La recuperación funcional es igual de importante para evitar la discapacidad. Se pueden enumerar tres fases del proceso que hay que considerar: la aguda, en la que se debe “informar al paciente de que se trata de un proceso benigno que se va a resolver con medidas analgésicas y de otro tipo”; la subaguda, en la que es crucial identificar a los pacientes de riesgo y adoptar medidas para evitar la cronicidad y, finalmente, la crónica, en la que las claves son “la educación, la información y el ejercicio”. La actividad física de tipo aeróbico en general y, más específicamente, los ejercicios para el fortalecimiento de la musculatura, constituyen la piedra angular para combatir el dolor lumbar inespecífico. Sin embargo, se pasan por alto con demasiada frecuencia.

Es muy habitual el empleo de técnicas diagnósticas y opciones terapéuticas cuya eficacia no está probada o que sólo resultan adecuadas para pacientes muy concretos. Es el caso de las pruebas de imagen, los analgésicos y las cirugías. Queda mucho por avanzar también en la formación de los profesionales médicos, los cuales deberían promover terapéuticas en las que no se centre todo en el tratamiento farmacológico e intervencionista. Además, el 90 por ciento de estos pacientes deberían tratarse en atención primaria.

El gran desafío es la prevención, apoyada sobre cambios en el estilo de vida y el ejercicio adaptado a la forma física de cada persona.

Dr. Edgar Torres, traumatólogo, Hospital A. Serra.

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