Río Negro atraviesa un punto de inflexión. No se trata únicamente de la ejecución de obras de infraestructura energética, sino de una definición estratégica sobre su lugar en el mapa productivo nacional e internacional. Los cuatro proyectos actualmente en marcha —con epicentro en la costa atlántica y articulación directa con Vaca Muerta— configuran un escenario que puede modificar estructuralmente la matriz económica provincial.
El acuerdo suscripto con YPF en el marco del plan Argentina LNG no es un anuncio más. Es, en términos fiscales y geopolíticos, una apuesta a consolidar a Río Negro como nodo exportador energético de la Argentina durante todo el año. El gobernador Alberto Weretilneck lo presentó como una oportunidad histórica que garantiza ingresos por cánones, tasas provinciales y aportes comunitarios de magnitud. Pero más allá del discurso oficial, el desafío radica en administrar esa renta extraordinaria con criterio estratégico.
La provincia parte de una ventaja comparativa objetiva: concentra la salida natural al mar del mayor reservorio de gas no convencional del país. Mientras Neuquén produce, Río Negro puede industrializar, procesar y exportar. Esa ecuación explica la magnitud del proyecto Argentina LNG en Fuerte Argentino, que contempla un gasoducto de más de 520 kilómetros, dos buques de licuefacción operando de manera permanente y una planta de fraccionamiento en territorio provincial. No es un emprendimiento aislado; es una plataforma logística de escala internacional.
Pero esta transformación no es abstracta ni difusa: tiene anclaje territorial concreto. San Antonio Oeste, con su puerto de aguas profundas, y Sierra Grande, a través de Punta Colorada, serán los beneficiarios directos de esta oportunidad histórica. Allí confluirán el gasoducto y el oleoducto; allí se materializará la salida física de la energía argentina al mundo. En esas localidades se sentirá primero el impacto en empleo, servicios, demanda habitacional y dinamismo comercial.
A esto se suman el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur —que conectará Añelo con Punta Colorada para facilitar la exportación de crudo—, la ampliación de infraestructura prevista en Duplicar Norte y el proyecto SESA, que profundiza la industrialización del gas en la costa rionegrina. En conjunto, estas iniciativas delinean un hub energético patagónico que redefine la geografía económica regional y coloca al eje San Antonio Oeste–Sierra Grande en el centro de la escena productiva.
Ahora bien, toda oportunidad histórica implica riesgos y responsabilidades. El mercado energético global tiene plazos definidos y la ventana hacia 2030 no es infinita. La premura en la toma de decisiones responde a esa lógica: quien no consolide infraestructura hoy, quedará fuera de los contratos de largo plazo mañana. En ese contexto, la decisión política fue acelerar. La pregunta que debe formularse la sociedad rionegrina es cómo se traducirá esa aceleración en desarrollo territorial equilibrado, especialmente en las comunidades que recibirán el mayor impacto.
Los ingresos proyectados no son meras cifras contables. Representan la posibilidad de financiar obras estructurales, fortalecer servicios públicos y acompañar el crecimiento urbano que inevitablemente generará el movimiento industrial en San Antonio Oeste y Sierra Grande. Pero también exigen planificación rigurosa, transparencia en la administración y una política activa de formación laboral para que el empleo generado sea, efectivamente, local.
El gasoducto de 48 pulgadas que atravesará la provincia no es solo una obra de ingeniería: es una columna vertebral económica. Cada kilómetro implica logística, proveedores, mano de obra y servicios complementarios. Lo mismo ocurre con los buques de licuefacción que operarán las 24 horas, los 365 días del año frente a la costa rionegrina. Producción constante significa también presión sostenida sobre infraestructura vial, servicios urbanos y capacidad de control ambiental en las ciudades portuarias.
Y aquí aparece otra dimensión ineludible: el equilibrio entre desarrollo productivo y sostenibilidad. Convertirse en puerta de exportación energética al mundo exige estándares técnicos, ambientales y regulatorios acordes a los mercados internacionales. La licencia social para operar no se decreta; se construye, especialmente en comunidades que históricamente han vivido de la pesca, el turismo y actividades tradicionales.
Habrá un momento simbólico que marcará un antes y un después: el primer barco cargado con petróleo partiendo desde Punta Colorada hacia destinos internacionales. Ese hecho, anunciado como hito fundacional del Hub Exportador de la Patagonia, sintetiza la transformación en curso. Pero el verdadero éxito no estará en la foto del embarque, sino en la capacidad de que la riqueza generada permanezca y se distribuya dentro del territorio, fortaleciendo de manera concreta a San Antonio Oeste, Sierra Grande y al conjunto de la provincia.
Río Negro tiene hoy la posibilidad de dejar de ser solo corredor y convertirse en protagonista. La oportunidad es ahora. La historia juzgará no solo la decisión de avanzar, sino la manera en que se administren sus frutos. (en X: @caa174)


