Quedó evidenciado esta semana cuando, tras la aparición del langostino en las aguas del golfo, una treintena de lanchas artesanales acudieron a obtener el recurso. Muchas de ellas lo hicieron con sobrecarga, superando su capacidad, y una de esas embarcaciones se hundió el viernes. Sus tripulantes pudieron ser rescatados por otra lancha que se encontraba en las cercanías.
El denominado “oro rojo” sigue siendo una tentación que atrae a los pescadores, mientras desde el ámbito provincial se habla de monitoreo y se advierte que actualmente lo que se obtiene no alcanza los niveles de otras épocas.
En medios especializados en pesca a nivel nacional se afirma que la actividad primaria en San Antonio Oeste y Sierra Grande está prácticamente desterrada, señalando que hoy se privilegian las inversiones vinculadas a la explotación de gas y petróleo sobre la costa atlántica rionegrina.
No es así. En los últimos meses comenzamos a observar un incremento de la actividad en las plantas pesqueras dedicadas al procesamiento, además de los intentos por reflotar el proyecto de Río Salado. Existen, es cierto, trabas judiciales y burocráticas que hoy impiden iniciar ese proceso, aunque estas podrían superarse si existieran decisiones políticas firmes, una preocupación que hoy expresa el Sindicato de la Alimentación.
Río Negro, además, cuenta con cupos pesqueros otorgados por Nación para merluza y langostino, trabajo que llevan adelante sus representantes en el Consejo Federal Pesquero, a pesar de las trabas que impone Buenos Aires, que insiste en votar en contra de cada decisión favorable al sector pesquero rionegrino.
Al gobierno de Axel Kicillof no le agrada la pesca rionegrina. En la mesa de negociación han llegado a calificarla como incompetente, una consideración liviana e impertinente.
Hoy se extiende la emergencia pesquera en el Golfo San Matías. Es cierto que la recuperación, aun con la espera, será larga. Sin embargo, la aparición de langostino y de merluza de buenos tamaños evidencia un principio de recuperación. Desde la lejanía, y sin conocer las estructuras locales, resulta fácil emitir definiciones sin sustento real sobre la situación.
Existe predisposición por parte de los pescadores, aunque también es cierto que muchos se resisten a modernizarse y continúan sosteniendo ideas que llevaron a las consecuencias devastadoras de los últimos años.
Actualmente, los barcos que capturan recurso nacional aún están lejos de alcanzar los tonelajes de otros tiempos: no superan el 1 % de la media nacional. Comparar esta realidad con la de otros puertos que sostienen economías enormes es desconocer el sistema económico local.
Cabe mencionar, además, que los puertos rionegrinos no compiten como lo hacen otros, sino que históricamente se han manejado casi exclusivamente dentro del Golfo San Matías, a diferencia de otros puertos con objetivos y escalas muy superiores.
Resulta ilógico comparar Chubut, Mar del Plata u otros puertos con San Antonio. Nunca fueron equiparables. Relacionar la economía primaria sanantoniense —que representa apenas el 0,27 % del PBI provincial— con la pesca chubutense, que alcanza el 48 %, expone una diferencia abismal.
La idea de recuperar la pesca no es una propuesta a desechar. El país y el mundo demandan alimentos.
En este contexto, se presenta una oportunidad importante con el acuerdo Mercosur–Unión Europea que se firma este fin de semana. El acuerdo eliminaría inmediatamente los aranceles para el 99,5 % de las exportaciones del bloque. Los ganadores automáticos, con arancel cero desde el primer día, serían la pesca (merluza y calamar), los limones, peras, manzanas, harina de soja y maní. Otros productos tendrán una reducción progresiva de aranceles a lo largo de los años.
Sin embargo, hay un punto esencial: si bien el acuerdo podría beneficiar a la pesca, el impacto real estará en aquellos productos con valor agregado y con demanda sostenida en el mercado europeo.
Este sigue siendo un tema pendiente en San Antonio Oeste. Desde hace años se habla de “valor agregado” y de la necesidad de una marca propia que potencie los beneficios del sector.
La pesca rionegrina tiene deudas y desafíos, pero no está “terminada”, como sostienen algunos sectores con intereses sobre el golfo. Sigue en pie y en proceso de recuperación. (en X: @caa174)


