El 4 de septiembre Día del Inmigrante: las familias que arribaron al naciente San Antonio Oeste

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(Por Juan Carlos Irizar) Si hay un país que tuvo una política inmigratoria exitosa ese es el nuestro, que siempre fue atractivo para quien anduviera buscando un lugar en el mundo donde prosperar y encontrar trabajo.

Pero la inmigración fue una obsesión de las autoridades argentinas, sobre todo después de la Organización Nacional y gracias a lo exitosa que resultó esa política nuestro país fue el más beneficiado.

La llamada generación el Ochenta que gobernó muchos años después de Caseros se había propuesto dos objetivos: que este fuera un país de inmigración y que la Educación fuera obligatoria y gratuita para todos.

Fue de las llamadas políticas de Estado, sin importar que se sucedieran los gobiernos, estas dos políticas se continuaban.

Un gran porcentaje de los argentinos de hoy descendemos de algún inmigrante.

Pero, por alguna razón venían a la Argentina y no a otro país sudamericano.

Los que habían pensado en estas políticas inmigratorias y de educación fueron Juan Bautista Alberdi y Sarmiento.

El italiano fue don Atilio Francisco Agnoli, cabeza de una familia cuyos integrantes todavía viven entre nosotros.

Había nacido en Italia, en Cortina Danpezzo en 1898. Era hijo de un molinero que fabricaba harina de trigo para todo el pueblo. Como era entonces, años de familias numerosas, su familia tenía doce hijos.

Cuando llega la Guerra de 1914 fue llevado a combatir al frente, a los 16 años de edad.

Herido en una pierna estuvo 9 meses internados en un hospital, donde aprendió el oficio de zapatero.

Cuando vuelve al frente, pensaba “Si me salvo, me voy a América.”

En 1922 llegó a esta zona y eran años de trabajo seguro en San Antonio Oeste, pues la construcción del Ferrocarril necesitaba muchas manos.

Todo a pala, pico y carretilla. A la noche, recordaba que sus manos necesitaban un cuidado especial, con unto sin sal, porque casi estaban sin piel.

Así llegó a Bariloche, pero no le gustó y se volvió a San Antonio.

Una noche en que se paseaba angustiado desesperado y llorando por la orilla de marea se encontró con un señor que le preguntó que le pasaba.

Don Atilio le contó su drama y su angustia por encontrarse solo tan lejos de su patria

Era nada menos que el Gerente de Lahusen, la casa comercial más importante de entonces. Mañana véngame a ver, le dijo.

Le dio, un generoso fiado, todo lo que necesitaba para arreglar zapatos. Así comenzó a trabajar en el oficio aprendido durante la guerra, en el Hospital.

La primera zapatería estuvo frente al Hospital Viejo, en la calle Hipólito Irigoyen. Más tarde y hasta el final en la calle Moreno, al lado de donde era la casa del doctor Aníbal Serra.

Se caso con una argentina, Ana Rodríguez. Con la que tuvo cinco hijos. Murió en 1983 a los 85 años de edad

La segunda historia es la de un español, también fundador en San Antonio Oeste de una larga familia que viene de los primeros años. Don Joaquín Izco.

Emigró a la Argentina desde su España natal, de la ciudad de Pamplona en Navarra.

Llegó a San Antonio Oeste desde Comodoro Rivadavia ejerciendo su oficio de constructor de galpones.

Hombre muy inteligente, con gran predisposición por la electricidad. Autodidacta, hizo cursos por correo, con exámenes y todo que tenía que contestar también por correo.

Aquí en San Antonio condujo la primera fábrica de hielo que tuvo la localidad, con todos los inconvenientes técnicos que para los tiempos que estamos historiando son de imaginar.

La del hielo era una industria absolutamente necesaria para una población que estaba, todavía en forma incipiente dedicándose a la pesca.

También instaló la primera usina eléctrica, que tenía otro propietario pero que después del traspaso de la propiedad también terminó conduciendo

Pero, como si esto fuera poco instaló la primera central telefónica que comunicaba a los sanantonienses, siendo la primera del entonces Territorio de Rio Negro.

La Central telefónica tenía unos cien abonados.

Tuvo la fábrica de soda que proveía de la misma a una población que no tenía agua.

Derivada de la misma también se fabricaba una gaseosa muy popular en todo el país, la Bilz, antes que otras muy populares hoy como Coca Cola, Pepsi la terminaran desplazándola.

Lamentablemente murió relativamente joven, en 1948, de lo contrario, seguramente hubiera seguido trayendo otras innovaciones tecnológicas, para las cual, como dijimos tenía gran predisposición. Había nacido en Pamplona, Navarra, en 1888, de manera que tenía 60 años al morir.

Otro inmigrante que también dejó una importante familia sanantoniense fue don Abram Iud.

Oriundo de Polonia vino directamente a San Antonio Oeste en 1922 aunque tenía un familiar de nombre Rosental, razón por la cual entra al país con este apellido, que estaba radicado en Neuquén.

Esta familiar lo ayuda con mercadería para vender aquí en San Antonio Oeste y en la zona  que recorría como vendedor ambulante. Vendía relojes

Este primer ramo que explotó al final termina cambiándolo por la venta de ropa y calzado.

Como era habitual entre los inmigrantes, primero migraba un varón de la familia, que al poco tiempo, cuando conseguía consolidarse económicamente, iba trayendo a distintos miembros de su familia. Don Abran trajo ocho miembros de su familia, en 1930, alguno para que lo ayudara en sus actividades comerciales, comercio que al principio estuvo en la calle, entonces denominada Comercio y que ahora es Hipólito Irigoyen.

Enviudó aquí y volvió a casarse En 1925 se naturalizó, lo que demuestra lo consustanciado que estaba con su nuevo país. Murió aquí, en San Antonio Oeste, en 1973

Hemos visto, al italiano Agnoli, al español Izco, al judìo polaco Iud, nos falta el infaltable “turco” que, por supuesto no es turco, sino libanès, don Hassein Kanje.

Los árabes eran llamados turcos porque entonces todos los países árabes pertenecían al imperio otomano y los árabes entraban a nuestro país con pasaporte turco.

La de don Hassein Kanje es una verdadera y conmovedora historia de amor.

La de un chico de 17 años, Hassein y su novia Neis, de escasos 15.

Estaban enamorados y al enterarse que sus familias, según la costumbre de la época. Y del lugar ya les tenía destinados con quien se iban a casar, deciden emigrar a escondidas a Argentina donde tenían un familiar o conocido que seguramente los iba a saber orientar, en un país, del cual no conocían el idioma ni las costumbres, tan distintas de las de su país de origen.

Este contacto que tenían en San Antonio Oeste, los provee de lo necesario para que ejercieran el comercio y los envía a Treneta, donde están algunos años hasta que deciden radicarse definitivamente en San Antonio Oeste.

Todo esto en los primeros años de la década del veinte, años de mucha actividad en San Antonio, por la abundancia de trabajo por el tendido de las vías del ferrocarril que terminaría en San Carlos de Bariloche, un puerto con bastante actividad también y un lugar de concentración de la venta de lanas de toda la zona.

Esta es la historia de cuatro apellidos de inmigrantes sanantonienses, cabeza de familias que han sido muy importantes en el desarrollo y el progreso a través de la historia sanantoniense.

Ya la afluencia de inmigrantes no tiene el flujo que tenía en los primeros años de este siglo. Los últimos italianos y españoles vinieron durante las primeras presidencias de Perón. Domínguez, Baltanaz, Marchione, los Hermanos Costa, Repucci, Bonucellì y algún otro, que involuntariamente se nos escapa.

Últimamente fue importante la inmigración de países limítrofes como Chile y Bolivia.

Me pareció oportuno recordar hoy a inmigrantes sanantoniense, en un país de inmigrantes, que contribuyeron al progreso del lugar que eligieron para iniciar otra vida. (Fuente: Historias en Pijamas de Juan Carlos Irizar)

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