domingo, febrero 15, 2026
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El espíritu intacto del carnaval: recuerdos y presente del Ensanche Sur en San Antonio Oeste

En el corazón del barrio Ensanche Sur de San Antonio Oeste, los carnavales vuelven a encender la memoria colectiva. Con la organización actual en manos de los vecinos, resurgen también las historias de aquellos corsos emblemáticos que marcaron a generaciones enteras.


En diálogo con Rubén “Escobita” Dani y con vecinas históricas del barrio, se reconstruye una tradición que supo ser el orgullo comunitario y que hoy intenta sostenerse en medio de otros tiempos y otras realidades.

“La municipalidad cooperaba mucho”

Rubén “Escobita” Dani no duda en señalar que los carnavales del Ensanche Sur tuvieron épocas doradas. Recuerda especialmente los años en que los corsos eran organizados por Ángel Sáenz, figura central en la coordinación de los festejos.

“En esa época la municipalidad cooperaba mucho, con la luz y con todo”, rememora. Sin ánimo de entrar en críticas, aclara: “No me gusta la crítica, me gustan las cosas sanas. Eso es problema de ellos. Los chicos ahora se preocupan por comprar un juego de luces y todo, así que están trabajando ellos”.

Para Escobita, el espíritu del carnaval no ha cambiado. “No creo que haya cambiado el espíritu de la gente, porque lo que es el carnaval, uno ya va pensando y se sonríe. La expectativa de pasarla bien, eso es lo importante”, afirma.

A pesar de las interrupciones que sufrió la celebración —producto de la situación económica del país y también de la pandemia—, el vecino celebra que la tradición no se haya perdido definitivamente. “Me alegro de que ya cumplan varios años organizando, que no se haya cortado más allá de todo lo que pasó”.

Una organización puramente barrial

En aquellos años, el carnaval era una construcción colectiva. “El barrio cooperaba, como se hizo la salita de Anahí, por ejemplo. Nada de política, acá no había política”, subraya Dani. La colaboración era transversal: vecinos, comerciantes y familias enteras aportaban lo que podían.

Incluso en la actualidad, ese espíritu solidario se mantiene. Escobita cuenta que en la víspera del festejo los vecinos estuvieron trabajando hasta las tres de la madrugada colocando las luces. Sin embargo, al día siguiente encontraron los cables en el suelo, aparentemente retirados para permitir el paso de un colectivo o un camión. “Recién terminaron de colocar las luces otra vez. Pero lo importante es que la comunidad se va a juntar ahí, como siempre, en el mismo lugar de siempre”.

La escena se completa con pequeños gestos que sostienen la fiesta: “Escuchaba a la señora de Roble que salió con las lamparitas porque se rompieron todos los focos. Todo el pueblo coopera, todo un poquito”, relata.

Corsos que duraban hasta el amanecer

Si algo distingue a los antiguos carnavales del Ensanche Sur es su extensión y magnitud. “Antes los carnavales duraban hasta el amanecer. Duraban mucho”, recuerda Dani. Eran corsos con comparsas, carrozas, disfraces y premios. “Era una belleza”, resume.

Las celebraciones podían extenderse durante una semana completa, con una participación masiva de vecinos. La música, el desfile de comparsas y la elección de la reina eran momentos centrales de cada jornada.

María Eva y la memoria viva del barrio

María Eva, vecina histórica del Ensanche Sur, aporta detalles entrañables sobre la preparación de aquellas fiestas. “Capaz que ya en julio empezaban a hacer las carrozas”, cuenta. En su propio patio se armaba el Rey Momo y la princesa. “Era hermoso, hermoso, hermoso”.

Con nostalgia, reconoce que “ha cambiado muchísimo. Ya se alejó lo que era el corso antes, nada que ver ahora”. Sin embargo, sus recuerdos están llenos de vitalidad.

“Una semana duraban los corsos. Había muchas comparsas, muchos disfraces. Todo el barrio participaba”, afirma. El carnaval no era sólo espectáculo: era juego y convivencia. “Jugábamos al carnaval con agua. Nos subíamos arriba del techo a tirar agua. Ese era el divertimento. Era todo muy sano”.

María Eva se define como vecina “de toda la vida”. Conoce a cada familia, cada historia. “Escobita toda la vida vecino mío. Y Ángel Sáenz preparaba los corsos. Era hermoso”, repite.

El ritual del Rey Momo

Uno de los momentos más esperados era la creación y posterior quema del Rey Momo, símbolo del cierre del carnaval. María Eva detalla cómo lo construían: “Era un muñeco grandote. Se le ponía pantalón, se rellenaba con cuetes, o lo sentábamos en un sillón. Todos colaboraban, traían cuetes, sombreros, cosas para armar”.

El muñeco, de tamaño imponente, se convertía en el centro de la última noche. “Después se quemaba. Ese era el final del Rey Momo. La última noche, cuando se moría el carnaval”.

El ritual marcaba el cierre de una semana de festejos intensos y daba paso al regreso a la rutina cotidiana.

La elección de la reina y la diversión compartida

La elección de la reina era otro de los grandes atractivos. Se realizaba frente a las casas del barrio, en un clima festivo y familiar. Algunas vecinas recuerdan cómo se postulaban simplemente porque querían divertirse. “Vos te anotás porque te gusta. A mí me gusta divertirme. Siempre me gustó. Era para nosotros la diversión. Nos reíamos entre los vecinos”, relató una de ellas.

La participación era espontánea y comunitaria. No se trataba de competencias profesionales ni de grandes producciones, sino de una excusa para encontrarse y celebrar.

Entre el pasado y el presente

Los testimonios coinciden en que los tiempos han cambiado. La situación económica, las nuevas dinámicas sociales y las interrupciones forzadas modificaron la escala de los festejos. Sin embargo, el valor simbólico del carnaval permanece.

“Lo importante es que es para la gente, para la comunidad”, insiste Escobita Dani. Más allá de las dificultades logísticas o financieras, el objetivo sigue siendo el mismo: generar un espacio de encuentro.

Hoy, nuevamente, el Ensanche Sur se prepara para recibir a vecinos y visitantes en el mismo lugar de siempre. Con luces colocadas a pulmón, con aportes solidarios de comerciantes y con la memoria viva de quienes vivieron los corsos más largos y multitudinarios, el barrio reafirma su identidad.

El carnaval, como sostienen sus protagonistas, es ante todo una sonrisa anticipada. Un momento en que la comunidad se reconoce a sí misma, celebra su historia y renueva la esperanza de seguir compartiendo. En el Ensanche Sur, esa llama sigue encendida.

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