En el Hospital “Dr. Aníbal Serra” de San Antonio Oeste, la solidaridad cotidiana se manifiesta a través de gestos simples pero profundamente humanos. Allí desarrolla su tarea María Ormeño, integrante de las Damas de Rosa, un grupo que forma parte de la Pastoral de la Salud de la Iglesia Católica y que desde hace años acompaña a pacientes y familiares con un compromiso voluntario y desinteresado.
En diálogo con este medio, Ormeño destacó el fuerte acompañamiento de la comunidad local, especialmente ante situaciones concretas de necesidad. “El tema del andador ya está solucionado, gracias a Dios. Contamos con mucho apoyo de la comunidad, es muy solidaria y siempre nos responde”, señaló, agradeciendo no solo por esa ayuda puntual, sino también por cada donación que reciben a diario.
Las Damas de Rosa reciben permanentemente colaboraciones de vecinos, que van desde calzado y ropa hasta aportes mínimos que, según Ormeño, resultan fundamentales para continuar con la tarea solidaria. “Mi agradecimiento va a toda la comunidad, no solamente por los andadores, sino por toda la ayuda y las donaciones, por lo más mínimo también”, expresó.
La labor que realizan es completamente voluntaria y se desarrolla exclusivamente dentro del hospital. “Nuestra misión es venir al hospital, servir ahí. No hacemos domicilios”, aclaró. En ese marco, las tareas incluyen acompañar a los pacientes, preparar un mate, un té o un mate cocido para quienes no tienen, y brindar contención a quienes atraviesan momentos difíciles. “Si no tienen termo, nosotros llevamos el nuestro, el mate, la bombilla, la yerba. Hacemos lo que podemos y como podemos”, explicó.
Actualmente, el grupo está integrado por dos personas: María Ormeño y Marta Giménez. “Éramos más de diez, hoy somos dos, pero ya hace casi 13 años que seguimos firmes”, afirmó con orgullo. Ormeño remarcó que su presencia en el hospital es diaria, de lunes a viernes, generalmente por la mañana, adaptándose a las posibilidades de cada día.
De cara a las fiestas de fin de año, dejó un mensaje cargado de esperanza y fe. “Dios no abandona a nadie. Todos somos hijos de Dios y estamos aquí para ayudarnos. El amor todo lo puede”, reflexionó. Y agregó: “Yo le diría a la gente que no pierda la esperanza. Hay quienes la pasan mal, pero Dios nunca abandona a nadie, no deja huérfano a nadie. Con su inmenso amor, nos sana”.
La tarea de las Damas de Rosa es un ejemplo de compromiso silencioso, sostenido en el tiempo, que demuestra cómo la solidaridad y el amor al prójimo pueden transformar la realidad cotidiana dentro de una institución clave para la comunidad como lo es el hospital público.










