Hace 121 años llegaba el telégrafo a San Antonio Oeste y daban un paso importante a la integración

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Un curioso dato histórico aportando por los historiadores sanantonienses. El 4 de febrero de 1899 desembarcó en el ‘Saco Viejo’ una comitiva de hombres con el mandato de construir una línea telegráfica. El medio de comunicación más moderno y eficaz de esos años venía desde los pagos de General Conesa, al norte, y llegaría hasta el poblado de Río Gallegos, en el sur más extremo.

La comisión de los telegrafistas instaló dos oficinas, una en el Este y otra, con sorprendente enfoque al futuro, en el Oeste.

La primera se instaló a unas tres leguas al este de Punta Villarino, en tierras de don Bautista Perurena, que cuidaba una majadita de ovinos y disponía de un valioso jagüel de agua dulce, escasísimos en la zona.

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El primer encargado de esa oficina de telégrafo del Este fue José Arturo Fernández, quien, junto a uno de los integrantes de la comisión del correo, Fidencio Leal, años después fueron parte de los fundadores de San Antonio Oeste.

La otra oficina fue ubicada a unos ocho kilómetros al sur de la caleta del Oeste, entonces prácticamente deshabitada, cercana a un puesto que desde 1885 regenteaba don Pedro Morón alias Camingo en el paraje conocido como “Los Molinos”, ubicado sobre la carretera a Las Grutas.

Morón, además de velar por sus majadas de lanares, contaba con unos inestimables jagüeles de agua dulce, oro en polvo para cualquiera que anduviese entonces de paso por esas tierras.

Años después este puesto jugaría un rol clave en el destino del pueblo que nacía, al influir categóricamente en el “éxodo” del caserío asentado en el Este a las tierras enfrente a la caleta del Oeste, por el agua dulce y la concentración del comercio de toda la región.

Allí aprovechaban para descansar y hacer noche todos los viajeros y las tropas que llegaban desde los puntos más perdidos del oeste y el sur patagónico. La huella de Camingo les ahorraba a los comerciantes, y a sus animales, una ardua vuelta de más de 50 kilómetros alrededor de la bahía y a través de la Caleta Falsa, por parajes mucho más inhóspitos que los anteriores y, sobre todo, escasos de agua, hasta llegar al ‘Saco Viejo’.

Sin duda, esta realidad inexorable fue el detonador para que algunos comerciantes pioneros empezaran a entreverar otro emplazamiento para el pueblo naciente, más conveniente para radicar sus empresas, al otro lado de la bahía. (Fuente Izco- Lefevre. Imagen vestigios de viejo edificio de Prefectura en SAE dónde recalaba una línea final del telégrafo. Abajo edifcio del viejo correo de SAO donde se instaló primeramente la línea antes del éxodo, ilustración de Joaquín Izco).

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