viernes, enero 30, 2026
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La falta de agua compromete un histórico emprendimiento olivícola de Las Grutas

Las 28 hectáreas de olivos ubicadas en el borde de la zona urbana de Las Grutas atraviesan una situación crítica: desde hace ocho meses no reciben riego, lo que compromete seriamente su producción y pone en riesgo la viabilidad económica de uno de los emprendimientos agroproductivos más reconocidos de la región.


Desde su implantación, los olivares fueron regados con agua reutilizada proveniente del sistema cloacal de la villa balnearia, una experiencia que durante años fue promovida por el propio Estado provincial como ejemplo de reutilización de efluentes con fines productivos. Sin embargo, la puesta en marcha de una nueva planta de tratamiento de líquidos cloacales alteró de manera sustancial ese esquema.

Hace cuatro años, el gobierno de Río Negro resolvió construir una planta más moderna, ubicada 2,6 kilómetros al oeste de la anterior, detrás del cerro Banderita y en cercanías de la estación meteorológica. La inauguración formal se realizó el 9 de octubre de 2021. Desde entonces, según denuncia el propietario del establecimiento “Olivos Patagónicos”, Carlos Sylwan, comenzaron los inconvenientes con el suministro de agua.

“Todo el tiempo tenía que andar rogando, pidiendo que abran el agua. Primero nos daban veinte días, después una semana sí y una no, y desde abril o mayo directamente cortaron el agua del todo”, relató Sylwan. En una zona donde toda la actividad productiva depende del caudal que llega por el canal Pomona–San Antonio, la falta de alternativas de abastecimiento agrava aún más el problema.

La situación no solo afecta a los olivares, sino también al campo de golf lindero, ubicado en el acceso norte de Las Grutas, que sufre consecuencias similares por la interrupción del riego.

Durante años, un caño derivador desde la antigua planta —habilitada en 1995 y ubicada detrás de la terminal de ómnibus— permitió reutilizar los efluentes tratados para riego. Ese sistema fue ampliamente difundido por las autoridades provinciales y el emprendimiento de Sylwan era una parada obligada en recorridas oficiales vinculadas a la producción y el turismo.

Gracias a ese esquema, la producción creció sostenidamente y el aceite elaborado a partir de las 10.500 plantas llegó a restaurantes de prestigio internacional, como la parrilla Don Julio, en Buenos Aires. “Dejamos de venderles porque no tenemos aceite suficiente. Los olivos están, pero sin agua no producen a escala comercial”, explicó el productor. También recordó la presencia del aceite de Las Grutas en otro restaurante reconocido, El Preferido de Palermo.

“Perdí un cliente, pero también lo perdió la ciudad. Vos ibas a comer a Don Julio y te decían que el aceite era de Las Grutas. Incluso había un tanque nuestro, de acero inoxidable, que decía Las Grutas”, remarcó.

Sylwan recordó que la regularidad en el acceso al agua fue una premisa central desde el inicio del proyecto, en 2001. “Hace ocho o nueve años, antes incluso de que empezara a construirse la planta nueva, consultamos a las autoridades qué iba a pasar con nuestro futuro y nos dijeron que no nos hiciéramos problemas, que íbamos a seguir teniendo agua”, señaló.

En aquel momento, la preocupación estaba vinculada a eventuales cambios de gestión o a posibles medidas ambientales que derivaran en un corte abrupto del suministro. “Por eso siempre pedíamos una solución duradera”, explicó.

Hoy el conflicto se concentra en el Departamento Provincial de Aguas (DPA), organismo administrador del sistema cloacal. Sylwan contó que, tras gestiones en Viedma, recibió una respuesta que considera inadmisible: “Me dijeron: ‘el agua la tenés disponible, pero tenés que venir a buscarla’. Es como que te cambien el arco de lugar y te digan arreglate”.

El problema es que la nueva planta se encuentra más alejada y detrás del cerro Banderita, lo que obliga a bombear el agua con sistemas eléctricos y luego transportarla hasta los olivares. “Eso requiere una inversión de entre 150 y 200 mil dólares, una cifra totalmente fuera de la escala de nuestro negocio”, aseguró.

Si bien reconoce que el cierre de la planta vieja es lógico, Sylwan considera que existen alternativas intermedias. “Se podría dejar una de las piletas como reservorio y seguir usando el caño actual. Hoy, si quisieran abrir una llave de paso, nos podrían dar agua, porque el agua sigue pasando por el lugar donde estaba la planta anterior”, explicó. En caso de que se avance con la desactivación total, la única opción sería construir un nuevo acueducto desde la planta nueva hasta la vieja, una obra que calificó como “económicamente inviable”.

El contexto climático tampoco ayuda. Según registros de ganaderos locales, durante 2025 cayeron apenas 250 milímetros de lluvia en la zona de San Antonio Oeste. Para un rendimiento óptimo, el olivo necesita alrededor de 1.000 milímetros anuales. “Las plantas pueden sobrevivir por su rusticidad, pero el rendimiento cae de manera drástica”, advirtió.

“Es como que me estén diciendo: ‘Jodete por haber sido pionero, por usar agua cloacal, por haber creado un pulmón verde para la ciudad, formar parte del circuito turístico y generar mano de obra’. No les importa nada”, expresó Sylwan, visiblemente molesto.

El productor también apuntó a la falta de respuestas políticas. “Estamos abiertos todo el año, no solo en verano. En estos casos debería intervenir el Ministerio de Producción, a cargo de Carlos Banacloy, y el municipio, pero miran para otro lado”, sostuvo.

Con riegos intermitentes en los últimos tres años, el emprendimiento acumula casi cuatro temporadas de pérdida de volumen productivo. “Así es inviable económicamente. Y aunque mañana se normalizara el riego, necesitás dos o tres años para que el olivo se recupere”, explicó. Para este año, anticipó, esperan apenas “una cosecha mínima”, producto del riego recibido durante 2024.

Las últimas gestiones fueron ante el presidente del DPA, Gastón Renda. “En la primera reunión me dijo que no había problema y que el agua ya me la iban a dar. Después me dijo que no. Evidentemente le cambiaron el discurso”, relató. También cuestionó que, al promocionar la nueva planta de “volcado cero” y proyectos de forestación, se utilizaron imágenes de su empresa sin haber sido convocados.

Finalmente, Sylwan comparó el futuro de los olivos con el de un ser vivo privado de alimento. “No creo que se mueran, pero producir de manera rentable en estas condiciones es imposible”, concluyó.


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