La rectificación cervical, una disfunción en auge, qué es y a que se debe.



La columna cervical se encuentra dispuesta en una curvatura llamada “lordosis” que visualmente se presenta como una “C” invertida. Se considera que se está en presencia de una rectificación cervical al perderse o disminuir considerablemente esta curva y posicionándose de manera recta, trayendo como consecuencia sobrecargas musculares.

Causas de la rectificación cervical.

El origen de sus causas es diverso, entre los cuales se encuentran con mayor frecuencia los esguinces o latigazos  cervicales y las malas posturas. Sumando a esto, podemos encontrar otras causas como:

  • Estrés físico y emocional.
  • Posturas inadecuadas mantenidas en el tiempo, como cuando estamos sentados frente a la computadora.
  • Largo tiempo con la cabeza agacha observando un dispositivo móvil.
  • Enfermedades reumáticas.
  • Malformaciones de tipo congénito.
  • Lesiones deportivas.

Los síntomas son diversos y nos alertan de estar presentando una rectificación cervical:

  • Dolores de cabeza (cefaleas).
  • Dolor y adormecimiento (hormigueo) en las extremidades superiores.
  • Mareos constantes y vértigo.
  • Alteraciones del sueño.
  • Alteraciones oculares.
  • Sensación de zumbido en los oídos.

¿En qué consiste el tratamiento?

En el caso del tratamiento médico, este suele tener como objetivo disminuir el dolor y la molestia para mantener la función y movilidad. Para esto es indicado:

  • Analgésicos.
  • Antiinflamatorios no esteroideos.
  • Relajantes musculares.

Por su parte, la fisioterapia actúa en función también de disminuir el dolor y la molestia, pero manteniendo la movilidad y evitando la rigidez. El fisioterapeuta realizara: estiramientos musculares, termoterapia, masoterapia, ejercicios específicos, ultrasonido, relajación miofascial, movilizaciones activas y pasivas. Es importante además de esto, reeducar al paciente sobre una adecuada higiene postural, que le permita llevar o realizar sus actividades de la vida cotidiana sin problemas y evitando las recaídas. Es primordial, incluir el ejercicio físico frecuente en nuestra rutina diaria, evitando el sedentarismo y la inactividad, para estar en constante movimiento, permitiéndonos mantener un estilo de vida saludable.

Dr. Edgar Torres, traumatólogo, Hospital A. Serra.

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