La tradicional feria artesanal de Las Grutas conmemora medio siglo de actividad ininterrumpida, consolidándose como uno de los espacios culturales más emblemáticos de la región y un punto de referencia para artesanos de todo el país. En el marco del aniversario, referentes históricos destacaron la evolución del espacio, su impacto social y su valor como fuente de trabajo y expresión artística.
Uno de los protagonistas de esta historia es Miguel González, quien forma parte de la feria desde hace 39 temporadas y repasó los orígenes del espacio que hoy representa una marca registrada del balneario rionegrino.
Según relató, la feria surgió en la década del 70 de manera espontánea, cuando artesanos que viajaban hacia El Bolsón decidieron detenerse en la zona atraídos por la tranquilidad del lugar y el espíritu de búsqueda cultural propio de la época. “La feria comienza de manera nómade con artesanos que estaban camino al Bolsón, buscando tranquilidad, amor y paz. Algunos llegaron acá y empezaron a tirar el paño en la escalinata de la primera bajada, como que descubrieron esta playita”, recordó.
En aquel entonces, el crecimiento de Las Grutas era incipiente, pero rápidamente el movimiento artesanal comenzó a tomar forma. González destacó el papel de los primeros impulsores, entre ellos el artesano Cacho Peret, oriundo de Bolívar, quien fue uno de los pioneros en establecer continuidad en el lugar. Posteriormente, los puestos dejaron la escalinata para trasladarse a la plaza, dando inicio a la consolidación del espacio ferial.
El rol organizador y cultural de sus impulsores
Dentro de la historia de la feria, González resaltó la figura de Lía Mares, considerada una referente clave en la organización inicial. Proveniente de Villa Gesell, Mares fue convocada por el entonces intendente Carlo Carassale para estructurar el funcionamiento del paseo artesanal.
Su tarea trascendió la organización comercial y se extendió al plano cultural. Bajo su coordinación, comenzaron a desarrollarse espectáculos callejeros que, en muchos casos, funcionaban como expresión artística y política en tiempos de censura. “Las Grutas no tenían nada y este espacio se convirtió en el primer centro cultural natural al aire libre, con mimos, teatro callejero y espectáculos a la gorra”, recordó González.
El nombre actual de la feria rinde homenaje a Víctor Menjolu, hijo de Mares, reforzando el legado cultural que marcó la identidad del paseo artesanal.
De la expresión artística al sustento laboral
González relató que se incorporó a la feria en 1986, cuando aún era muy joven, y que desde entonces desarrolló su oficio vinculado al trabajo en metales. “Empecé trabajando con alambre de bronce y cobre, haciendo pulseras y cucharas. Con el tiempo evolucioné hasta trabajar con plata, oro y piedras. Todo ese crecimiento fue posible gracias a la feria”, señaló.
El artesano explicó que el espíritu original del espacio estuvo vinculado a la necesidad de expresión artística, aunque con el paso del tiempo se transformó en una actividad profesional y una fuente de ingresos para muchas familias. “El artesano se vuelca a la plaza para expresar lo que hace. Después se convierte en un medio de vida, pero la base siempre es la creación”, afirmó.
Regulación interna y defensa de la producción artesanal
Uno de los aspectos distintivos de la feria es su sistema de autorregulación, que busca preservar la autenticidad del trabajo manual. Según explicó González, existen normas estrictas que prohíben la producción masiva, la reventa de productos industrializados y la utilización de maquinaria que reemplace la destreza artesanal.
“La misma persona que produce es la única autorizada para vender. Está prohibido tener empleados o usar técnicas industriales. Cada rubro tiene sus propias reglas para garantizar la calidad y la identidad artesanal”, detalló.
Este sistema permitió consolidar a la feria como un espacio reconocido por su nivel artístico, una característica que, según los propios artesanos, distingue a la Feria Víctor Menjolou de otros espacios comerciales similares.
Un encuentro cultural federal
Durante cinco décadas, la feria se convirtió en un punto de encuentro para artesanos provenientes de distintas provincias argentinas. González destacó que el paseo permite encontrar producciones de Tierra del Fuego, Mendoza, La Pampa, Neuquén y Buenos Aires, entre otras regiones, lo que representa una oferta cultural diversa y única.
El artesano subrayó que la continuidad del espacio fue posible gracias al esfuerzo colectivo de cientos de trabajadores que sostuvieron la actividad a lo largo de los años. “Son miles de artesanos los que pasaron para que esto sea lo que es hoy. Ningún gobierno podría afrontar el costo de sostener una oferta cultural así. Es el trabajo individual el que mantiene viva la feria”, remarcó.
Oportunidades para nuevas generaciones
La feria mantiene un sistema de ingreso que combina antigüedad, continuidad y cupos para nuevos expositores. Cada temporada se habilitan espacios para quienes buscan incorporarse al circuito artesanal, aunque la demanda suele superar la disponibilidad.
“Hay temporadas donde hay más competencia. Este año tuvimos entre 70 y 80 aspirantes para apenas 15 lugares disponibles. Sin embargo, todos los años se abre la posibilidad para nuevos artesanos”, explicó González.
Además, el espacio se convirtió en una herramienta económica para distintos sectores sociales. Según señaló, en la feria trabajan jefas de hogar, jubilados y estudiantes que financian sus estudios universitarios a través de la actividad artesanal.
Reconocimiento institucional y proyección futura
En el marco del aniversario número 50, la feria recibió reconocimientos oficiales por su aporte cultural y turístico. La actividad fue declarada de interés por la Legislatura de Río Negro y por el Concejo Deliberante de San Antonio Oeste, distinciones que fueron valoradas por los trabajadores del sector.
De cara al futuro, González expresó el deseo de preservar la identidad comunitaria del espacio. “Queremos que siga siendo una feria del pueblo, una feria municipal, que no se transforme en una sociedad anónima y que mantenga su rol cultural y social”, sostuvo.
A medio siglo de su creación, la Feria Víctor Menjolou continúa siendo un símbolo de identidad para Las Grutas, combinando tradición, arte y trabajo en un espacio que trascendió generaciones y se consolidó como una de las principales expresiones culturales del litoral marítimo rionegrino.


