Las Grutas vuelve a ser testigo de historias que trascienden el descanso y el paisaje. Entre el sol, el mar y la tranquilidad de la costa rionegrina, Gisela y Javier, una pareja oriunda de Lanús, encontraron el marco ideal para celebrar una decisión que venía gestándose desde hace años: proyectar su futuro juntos y pensar en el casamiento.
La historia de ambos no es reciente ni convencional. Se conocen desde la adolescencia y durante 13 años fueron amigos inseparables. Recién hace un año descubrieron que aquella amistad profunda escondía algo más. “Hasta que un día lo ves y decís: es por acá”, resumió Gisela, entre risas y emoción, al contar cómo ese vínculo se transformó en amor.
El viaje a Las Grutas tuvo un significado especial. No fue solo una escapada de verano para disfrutar del mar y las playas, sino también una pausa para pensar y proyectar. “Somos de Lanús y no podemos dejar de pasar por esta costa maravillosa que tiene Río Negro. Venir desde el Conurbano, que es una vorágine, a esta tranquilidad, te cambia”, señalaron. Si bien destacaron que el Conurbano tiene sus aspectos positivos y que lo aman, coincidieron en que el sur argentino ofrece una calma única. “Argentina es maravillosa, el sur es maravilloso y la provincia también”, afirmaron.
En medio de una jornada a pleno sol y con la costa colmada de turistas, la conversación derivó naturalmente en planes de futuro. Gisela contó que hubo una propuesta de casamiento. “Estoy de novia y en Las Grutas comenzamos los planes de casamiento”, dijo, mientras Javier asentía, incluso con mayor entusiasmo. “Él está más convencido que yo”, confesó ella, aunque aclaró que se trata de un proyecto compartido y pensado con tranquilidad.
Ambos coincidieron en que, tras tantos años de conocerse, no hubo un único primer paso. “Los dos dimos el primer paso”, explicaron. Después de más de una década de amistad, llegó el momento de decidir: “O somos novios o no somos más nada”. Y eligieron avanzar juntos.
Por ahora todo es muy pronto, el enlace no tiene fecha exacta. Este año parece difícil y la idea es pensar en 2026, cuando la planificación sea posible. “El año arranca en marzo”, bromearon, conscientes de que organizar una boda requiere tiempo y recursos.
Javier, con humor, reconoció que conquistarla llevó años. “Trece años me costó”, dijo entre risas, admitiendo que aquella amistad tenía algo de paciencia y esperanza. Pero también resaltó el valor de ese recorrido: “Ya hay un amor preexistente, ya te conocés, no hay que fingir, podés ser vos mismo”.
Así, entre anécdotas, risas y sueños compartidos, Las Grutas sumó una historia más a su infinita colección de romances. Una historia que nació en la amistad, maduró con el tiempo y hoy se proyecta hacia el futuro, con el mar como testigo y la promesa de una vida en común.


