Scalesa explicó que, si bien la zona turística “ofrece muchas alternativas”, la playa sigue siendo el principal atractivo y, aun con jornadas frías o desmejoradas, los turistas igualmente bajan al mar. “Tenemos mucha gente que viene del sur, bien sur. Para nosotros un día así es horrible, pero para el turista que viene de otra zona está en otra sintonía, otro chip, y baja igual un rato”, señaló.
En ese contexto, las tormentas eléctricas han representado uno de los principales riesgos de los últimos días. El coordinador relató que en algunos sectores “costó sacar a la gente del agua”, especialmente ante la presencia de rayos, un fenómeno que volvió a registrarse recientemente en la zona. Ante este escenario, destacó las medidas de prevención adoptadas en los operativos de playa.
“Todas nuestras casillas y mangrullos tienen mástiles metálicos, pero no están en contacto con la arena, sino sobre madera. Es una precaución fundamental para evitar descargas eléctricas, teniendo en cuenta la humedad y la salinidad”, explicó Scalesa, recordando un trágico antecedente ocurrido años atrás en Villa Gesell, donde una descarga en carpas provocó la muerte de cuatro personas. Siempre ante la inestabilidad climática, rige bandera negra en las playas.
El funcionario remarcó que días de tormenta “son los más peligrosos” y requieren máxima atención por parte del cuerpo de guardavidas, tanto para la seguridad de los bañistas como para la propia. Además, señaló que la primera quincena de enero se caracterizó por una dinámica intensa y cambiante. “Es muy violenta, con mucha adrenalina y mucha información. En pocas horas pasan cosas que a la tarde ya son noticias viejas. La playa en enero es muy dinámica”, afirmó.
En cuanto a las intervenciones, Scalesa indicó que van desde las propias de la actividad, como primeros auxilios por quebraduras o caídas, hasta situaciones ajenas al rol específico del guardavidas. “Hay peleas entre personas, descompensaciones y conflictos que tienen más que ver con una cuestión social. La gente está con cero tolerancia hacia el otro y eso en enero se nota mucho más”, sostuvo.
Según explicó, febrero suele ser un mes más tranquilo y familiar, mientras que enero concentra mayor ruido, vida nocturna y conflictos. A esto se suma el crecimiento de las playas y la ampliación de los sectores a controlar, lo que complejiza la tarea diaria. “Este año hicimos mucho hincapié en la gente que vino a hacer la temporada con muy bajos recursos. Hemos tenido peleas entre ellos mismos y tuvimos que intervenir con mucha precaución, porque hay personas con enfermedades y los guardavidas deben extremar las medidas de autoseguridad”, detalló.
El coordinador destacó que, tras los primeros días de enero, la situación se ha calmado en parte, con mayor presencia policial, especialmente en sectores conflictivos como la Primera Bajada. Sin embargo, persisten problemáticas como personas durmiendo en la playa, ruidos molestos y discusiones entre turistas. “La gente se queja mucho y es algo que no se puede mirar para otro lado. Hay que trabajarlo y ordenarlo”, afirmó.
En relación al uso de equipos de sonido de gran potencia, Scalesa señaló que se trata de una discusión recurrente. “No puede ser que alguien baje con un súper bafle y moleste al resto. Hay quienes lo entienden y otros no, y ahí vuelve a aparecer el conflicto. Nosotros preinformamos y, si continúa, se llama a la policía, pero no se puede tener presencia policial en toda la playa todo el tiempo”, explicó.
Finalmente, el coordinador subrayó que se trata de una problemática social que se repite en otras localidades turísticas del país. “Hablando con colegas de otras playas, les está pasando exactamente lo mismo. No es solo Las Grutas o San Antonio. En otros lugares, como Pinamar, incluso tienen problemas más graves, como vehículos circulando en la playa y accidentes”, concluyó.


