Enfoques: Países en desarrollo, más complicados para recibir inversiones

Los países en desarrollo enfrentan un verdadero “viento de frente” para atraer inversiones, en el marco de un contexto especialmente preocupante para América Latina.

La conclusión puede ser una de las interpretaciones del último reporte sobre la “Inversión Extranjera Directa (IED) en América Latina y el Caribe” dado a conocer esta semana por la CEPAL.

El organismo internacional informó que desde el máximo alcanzado en 2011, las inversiones extranjeras disminuyeron un 17% en la región, a lo que sumaría este año un 5% adicional.

En ese contexto, resulta de interés ampliar el foco y analizar cuál es la interpretación que la entidad con sede en Santiago de Chile tiene sobre la situación mundial de las inversiones y cómo se inserta allí América Latina.

Por un lado, la CEPAL advirtió que “la visión sobre la globalización y sus efectos económicos y sociales alcanzó un punto de inflexión en 2016” con fenómenso como el “Brexit” y la elección de Donald Trump en Estados Unidos.

“Las economías desarrolladas han mostrado una mayor preocupación por la localización nacional de la producción que, junto a la acelerada transición tecnológica y la intensificación de las presiones competitivas, impulsan una reestructuración del universo empresarial hacia mercados más concentrados en actividades con un alto componente tecnológico”, subrayó.

En ese contexto, en 2016 los flujos mundiales de IED fueron mayores a los de cualquier año del período 2008-2014, aunque algo menores a los de 2015.

Conviene de todos modos mirar cómo se componen esos flujos de inversión: por un lado, no es sorprendente que el mayor volumen se aloje en los países desarrollados, aunque llama la atención que esa tendencia viene en aumento.

Así, “las economías desarrolladas retomaron el protagonismo y recibieron el 59% de los flujos de IED (que aumentaron un 5%), mientras que las economías en desarrollo recibieron el 37% del total de la IED (que disminuyó un 14%)”.

“Todas las subregiones en desarrollo recibieron menos inversiones, con caídas del 15% en Asia y del 3% en África.

Las fusiones y adquisiciones transfronterizas tuvieron un papel relevante y se concentraron en las economías desarrolladas, impulsadas por la elevada liquidez internacional y por dinámicas sectoriales que llevaron a operaciones de gran envergadura”, señaló la CEPAL.

Un dato que aporta la Comisión Económica para América Latina es que China fue el segundo origen de IED mundial (tras los Estados Unidos), pero al contrario de lo que se afirma, el gigante asiático no estaría ampliando su presencia en la región.

Es que CEPAL advirtió que “los países inversionistas no se han diversificado” en América Latina.

“El 73% del total de la IED ingresó desde los Estados Unidos (20%) y la Unión Europea (53%). El 12% provino de los Países Bajos y un 8% desde Luxemburgo; dadas las ventajas fiscales que ofrecen ambos orígenes, son utilizados por las transnacionales de otros países para realizar operaciones, por lo que no está claro cuál es el origen mediato de estos fondos.

Desde España ingresó el 8%, del Canadá y del Reino Unido el 5% cada uno, de Alemania, Italia y Francia, el 4% cada uno y desde el Japón un 3%.

China, que ha aumentado de forma marcada su IED en el exterior, figura en las estadísticas oficiales únicamente con el 1,1% de las entradas en la región”, recalcó.

Sin embargo, “este dato subestima la presencia de capitales chinos en los países de América Latina y el Caribe y, de hecho, si se observa el valor de las fusiones y adquisiciones en 2016, China fue el cuarto origen de la inversión en la región tras los Estados Unidos, la Unión Europea y el Canadá”.

“Dadas las grandes operaciones que ha realizado China en el primer semestre de 2017, es de esperar que esta participación aumente el próximo año”, aclaró la CEPAL.

En el primer año de gestión del presidente Mauricio Macri, la Argentina mostró el mayor retroceso regional en materia de inversiones extranjeras (64 % menos que en 2015), superando así al 43,7 % de Ecuador y 40,3% de Chile.

La explicación que se dio para semejante caída es que con el levantamiento de las restricciones al flujo de divisas, cayó la reinversión de utilidades en el país.

De todos modos, “el panorama de IED podría comenzar a arrojar resultados positivos si las inversiones anunciadas durante 2016 efectivamente se concretan”.

¿Podrá en ese contexto la inversión externa ser uno de los motores del crecimiento de la economía argentina en el mediano plazo, si continúa el “viento de frente” en este aspecto para las “economías emergentes”?

Nicolás Tereschuk (Editor de la Sección Política de NA. )

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