sábado, enero 10, 2026
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Una biblioteca en la vereda: Adrián, el maragato que lleva libros a la calle y fomenta la lectura en pleno verano

En tiempos dominados por la tecnología, las pantallas y la inmediatez, una propuesta cultural diferente llama la atención de vecinos y turistas en los espacios públicos de la región. Se trata de una biblioteca y librería ambulante, instalada literalmente en la calle, que invita a detenerse, sentarse a leer, intercambiar libros y redescubrir el placer de la lectura.


El impulsor de esta iniciativa es Adrián, un viajero oriundo de Carmen de Patagones, quien desde hace años recorre distintas ciudades del país con su singular proyecto cultural llegó a Las Grutas. “Vengo de Patagones, soy maragato, pero ando viajando”, contó durante una entrevista, mientras desplegaba su biblioteca a cielo abierto.

La propuesta se resume en una frase que Adrián repite como manifiesto: “Biblioteca si quiere leer, librería si quiere comprar”. En la práctica, los libros están al alcance de todos: quienes se acercan pueden leer en el lugar, comprar, vender o canjear ejemplares usados. “Cuando la gente se sienta a leer es biblioteca; cuando compra, es librería. Los libros en la calle hacen que la gente lea”, explicó.

Libros, intercambio y encuentro

Lejos de un local tradicional, la biblioteca ambulante rompe con ciertas barreras culturales. Adrián señala que muchas personas no ingresan a librerías por vergüenza o por no tener la intención de comprar. “En la calle el libro se vuelve accesible, cercano. Ahí aparece el lector”, afirmó.

Su colección es variada y sorprende a quienes se acercan: desde novelas y ensayos hasta historia, filosofía e incluso juegos como el ajedrez. “Voy midiendo qué se lee según lo que se vacía de los canastos. Historia y filosofía son lo que más sale durante el año”, detalló.
En verano, en cambio, predominan las novelas históricas, la fantasía de época y los relatos románticos vinculados a personajes históricos. “Es una lectura más liviana, ideal para las vacaciones”, explicó.

Un proyecto con años de camino

La iniciativa no surgió de un día para otro. Adrián relató que antes de dedicarse a los libros vendió distintos productos en la calle. “Siempre tuve la necesidad de no trabajar en relación de dependencia. Vendí manzanas, miel, ropa… hasta que un día llegué a los libros y acá me quedé”, recordó.

Actualmente viaja en una Traffic Renault, su casa rodante y compañera de ruta. En su último recorrido realizó una gira de seis meses que lo llevó hasta Misiones y Paraguay, deteniéndose varios días en cada localidad. “Cuando me quedo seis días o más, la propuesta empieza a funcionar mejor. La gente se entera, comparte en redes, se acerca a intercambiar”, explicó.

Presencia local y redes sociales

Desde Navidad, Adrián se encuentra en Las Grutas recorriendo distintos puntos de la localidad balnearia: plazas, bajadas a la playa y espacios concurridos, adaptándose a la actividad del día y al movimiento de la gente. “No todo el mundo pasa por la plaza, por eso me voy moviendo”, comentó.

Además, utiliza redes sociales para difundir su trabajo. Su cuenta de Instagram es @ynopya, un nombre que, según explicó, refleja una postura frente a la sobreinformación actual. “La inopia tiene que ver con no querer opinar de todo, con tomarse un respiro en una época donde hay demasiada información”, señaló.

Leer en tiempos digitales

Consultado sobre el impacto de las nuevas tecnologías, Adrián reconoció que hoy la atención dura menos y que los dispositivos ocupan gran parte del tiempo libre. Sin embargo, sostuvo que la lectura sigue viva. “No es que la gente no lea, es que no se encuentra con el libro. Cuando los libros salen a la calle, la gente vuelve a leer”, aseguró.
Para él, el esfuerzo físico y logístico vale la pena. “Es un trabajo pesado, pero muy satisfactorio. Me abrió muchas puertas, conocí muchísima gente y lo hago con gusto”, afirmó.

Antes de despedirse, agradeció el espacio y convocó a la comunidad a sumarse: “Por ahí hay gente que tiene libros en su casa y puede acercarse a la plaza a canjearlos. No se trata solo de vender, sino de encontrarse, charlar y compartir historias”.

Una biblioteca rodante, libros al alcance de la mano y una idea simple pero poderosa: llevar la lectura a donde está la gente, incluso —y sobre todo— en pleno verano.

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