Comenzó a recetar cannabis para aliviar el dolor crónico de sus pacientes



 El objetivo es paliar el dolor. Ese dolor fuerte, crónico y que desarma la vida cotidiana. Que impide, que obstaculiza. Que llena de temor, preocupación y no deja respirar. Que termina enfermando aún más al paciente, y también a su familia, a su entorno.
Cosme Argerich conoce de qué se trata porque lo vive a diario, con sus pacientes, en Roca.
Es un médico especializado en dolor que realizó el Primer Posgrado Latinoamericano de Cannabis medicinal y que desde este año se convirtió en uno de los pocos profesionales de la región que lo receta para tratar a muchos de sus pacientes. La mayoría de ellos con enfermedades degenerativas, autoinmunes o inflamatorias, con artritis reumatoidea con difícil manejo de dolor, artrosis generalizadas y cuadros de dolor críticos por problemas de columna vertebral, entre otros.
La ley nacional 27350 es la que regula el Uso Medicinal de la Planta de Cannabis y sus derivados. La norma establece un marco regulatorio para la investigación médica y científica del uso medicinal, terapéutico y/o paliativo del dolor de la planta de cannabis y sus derivados, “garantizando y promoviendo el cuidado integral de la salud”.
A mediados de este año la provincia de Río Negro adhirió a esta ley, pero aún quedan muchos aspectos por regular y avanzar. Hasta el momento solo está permitida la importación del aceite para determinadas patologías. Sin embargo, la Justicia ha comenzado a amparar casos en donde el “gris” se hace más evidente en la normativa argentina.

-¿Cuál es la situación hoy respecto al uso del cannabis? consultó Siempre Salud al doctor Argerich.

-La ley avala solamente el uso para epilepsia refractaria y a través de la importación de un aceite. Pero hay casos, como el de un nene con sindrome de Tourette, de Las Grutas, cuya familia fue a la Justicia y se la autorizó a tener cierta cantidad de plantas y a cultivar para hacer su propio aceite. Esto sienta un precedente. No hay reconocidas otras patologías, y el eje central de la ley está puesto en la investigación, que a través del INTA debería formar cursos, pero no hay demasiados avances. 
Y para lo que es patología en sí, más que nada es para epilepsia refractaria, como tratamiento a través de la importación del aceite, no al autocultivo o adquisición en algún lugar porque todavía no es legal.

-¿Por qué la gente que precisa este tratamiento debe llegar a la Justicia cuando existe una ley?

-Porque el Estado no está presente para la adquisición en una patología que no está regulada. En estos casos, puntualmente, porque son enfermedades que no están en los listados de las permitidas. Si bien es una enfermedad neurológica, hay evidencia científica, el Estado no tiene un marco legal vigente para que pueda pedir la medicación a través del ANMAT.

-¿En qué casos comenzaste a recetar cannabis?

-Yo lo enfoco al tratamiento del dolor. Los pacientes que tengo, que más frecuentan, son de mediana edad en adelante, con patologías degenerativas o que tienen enfermedades autoinmunes o inflamatorias, con artritis reumatoidea con difícil manejo de dolor, artrosis generalizadas, cuadros de dolor críticos por problemas de columna vertebral. 
También hay otra rama que sí tiene indicación formal que es para el dolor crónico en pacientes en estado terminal, pero lo maneja eso muy bien la gente de Cuidados Paliativos (en el Hospital de Roca).

-¿Cómo lo adquieren los pacientes?

-Yo prescribo aceite de cannabis y sugiero que vayan a las ONG de la zona (en Cipolletti, Roca, Neuquén, Bariloche, San Antonio, Choele Choel) que tienen trayectoria y seriedad, y que tienen un producto, que si bien uno no conoce la concentración porque para eso hay que tener aparatología que no la tiene ninguna organización, tienen plantas de genética. Entonces se sabe qué principio activo tienen, en teoría, cada aceite que ellos elaboran.

ONGs y autocultivo

Las diversas ONG de la zona que impulsan el autocultivo con fines medicinales, han surgido de la mano de personas que tienen familiares enfermos, y hacen una elaboración artesanal.
“Lo que no pueden es medir, cuantificar la concentración o ver qué principio activo tienen de manera rigurosa, pero por el tipo de planta uno lo evalúa según el efecto clínico que produce”, explicó Argerich.

¿Esto es lo que la ley no permite?

-Sí, está en un gris en el marco de la ley porque están en situación ilegal, desde el punto de vista jurídico.

-¿Importar el aceite es imposible hoy en día? ¿Muy costoso?

-No es imposible, pero se frena en el trámite de la ANMAT, en realidad en dolor no está habilitado. Entonces, si uno hace la planilla que debería hacer para que una obra social o un paciente particular la presente en la ANMAT, el organismo rebota el expediente porque no está dentro de la patología listada que tiene autorización por la legislación vigente.

-¿Hace cuánto tiempo recetás?
-“Empecé a recetar aceite de cannabis desde este año. Terminé un posgrado específico, en eso soy bastabte crítico, hasta tanto no tengo una formación científica, tampoco indico medicaciones que no tengan un aval bibliográfico y de estudio, y la experiencia que se hace en particular con cada paciente. Porque con el cannabis no son drogas que han sido ampliamente utilizadas en Argentina.

-¿Qué resultados observás?

-En lo que va del año, en los tratamientos que realizo, clínicamente les hago validación como cualquier otra medicación con una escala de dolor y el resultado es bueno. No solo que es bueno cuando consiguen, a través de estas ONG un producto serio, sino también he logrado dejar de prescribir otro tipo de medicaciones crónicas que tienen efectos no deseados, a largo plazo, severos.

-¿El uso de cannabis tiene efectos secundarios?

-A la dosis que se usa para dolor, no presenta efectos secundarios, no graves. Se puede dar una baja de presión, pero si el paciente está bajo control no debería suceder, alguna interferencia en la parte metabólica mínima.

¿Por qué se da tanta polémica en Argentina?

Creo que tiene que ver con una política de Estado en salud, que sea el gobierno que sea, la salud pública está muy dejada de lado. Soy apolítico, yo he dejado salud pública por estas cuestiones de carencia del Estado en muchas situaciones en los que debería estar presente. Si a eso le sumás que el cannabis o la marihuana tiene un sesgo también en lo que es recreacional y se asocia mucho a este uso y las políticas de Estado están dirigidas más hacia castigar su utilización que a investigar, el criterio para el uso farmacológico y medicamentoso está dejado de lado. (Fuente: www.siempresalud.com.ar)

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