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HERNIA DE DISCO Y DOLOR

Una protrusión discal consiste en el abombamiento de la “envuelta fibrosa” que rodea el disco intervertebral, mientras que una hernia discal consiste en la salida de parte del núcleo pulposo a través de una fisura en la “envuelta fibrosa” del disco. La diferencia entre “”hernia” y “protrusión” es que se haya producido salida del contenido (“hernia”) o sólo deformación de la envuelta, sin salida de contenido (“protrusión”).

¿Porque se produce?

En condiciones normales, el proceso normal de desgaste del disco va haciendo que algunas de las fibras que constituyen su “envuelta fibrosa” vayan perdiendo resistencia y elasticidad, y puedan retraerse o romperse espontáneamente. Cuando eso sucede, parte del contenido gelatinoso del disco o “núcleo pulposo” puede protruir o extravasarse fuera. Así, la situación más típica en la que se produce una hernia discal, es cuando el paciente se inclina hacia delante con las piernas estiradas, carga peso en sus brazos y se levanta, aumentando la presión en la porción más posterior del disco, hasta que excede la capacidad de resistencia de la envuelta fibrosa y se produce la protrusión o la hernia discal. Sin embargo, esta situación es la más típica, pero no la más frecuente; la mayoría de las hernias se producen por el proceso paulatino de desgaste del disco.

Algunas situaciones aumentan el riesgo de aparición de una hernia o protrusión discal:

  • Tener una musculatura débil.
  • Estar mucho tiempo sentado, especialmente si no se hace ejercicio, pues eso acelera la atrofia muscular.
  • Someterse a vibraciones que afecten al cuerpo, frecuente en taxistas o camioneros, lo que podría facilitar el desgarro de las fibras de la envuelta fibrosa.
  • Ciertos genes, probablemente asociados a una menor resistencia de la envuelta fibrosa o que hacen que el disco sea menos resistente ante otros factores.
  • La edad.

Diagnóstico y síntomas.

Una hernia sólo causa problemas cuando irrita o comprime una raíz nerviosa. Sólo se puede asumir que la hernia discal es la causa del dolor en aquellos pacientes en los que existen síntomas y signos que demuestran que la raíz nerviosa está siendo irritada o comprimida, tales como dolor irradiado a lo largo de un miembro, pérdida de fuerza de los músculos que inerva o pérdida de sensibilidad de los territorios que dependen de ella. Si el paciente no muestra esos síntomas y signos, hay que concluir que en su caso concreto la hernia discal es irrelevante. Así:

  • Si no hay ningún síntoma ni signo de irritación ni compresión nerviosa, eso significa que la hernia o protrusión discal son un mero “hallazgos casual”, pero ni sería responsable del dolor ni requeriría tratamiento en sí misma. Si un paciente sólo siente dolor en el cuello y la espalda, y no dolor irradiado ni pérdida apreciable de fuerza en brazo/s o pierna/s, es muy poco probable que su dolor se deba a una hernia discal, aunque tenga una y así se vea en una resonancia magnética.
  • Si hay síntomas o signos de irritación o compresión, es necesario comprobar que la raíz nerviosa que la exploración física ha identificado como aquélla que está irritada o comprimida coincide con la localización de la hernia o protrusión observada en la resonancia magnética. Si no coincide, la hernia observada es irrelevante. Si, por el contrario, los resultados de la exploración física coinciden con los de la resonancia, se puede deducir que la hernia o protrusión es la causa del problema.

Por eso, sólo tiene sentido prescribir una resonancia magnética por sospecha de hernia discal cuando el interrogatorio y la exploración física reflejan síntomas y signos que sugieren irritación o compresión de una raíz nerviosa, pues en ese caso el resultado de la resonancia magnética puede modificar el tratamiento. Cuando el episodio se ha resuelto, no tiene sentido repetir las pruebas diagnósticas: si el dolor ha desaparecido, la fuerza se ha recuperado y el paciente ha reanudado su vida normal, es completamente irrelevante la imagen que se observe en la resonancia magnética; eso ni modifica el tratamiento ni el pronóstico. Sólo en algunos casos en los que la recuperación no es positiva tiene sentido realizar esta prueba complementaria.

Tratamiento.

La tendencia espontánea de una hernia discal es ir desinflamándose y deshidratándose, de manera que el volumen del material herniado va disminuyendo hasta dejar de comprimir la raíz nerviosa. Las recomendaciones  basadas en la evidencia científica disponible establecen que sólo hay que tratar las protrusiones o hernias discales que realmente causan problemas. El tratamiento de una hernia discal en la que no hay criterios para plantear la cirugía es similar al de una lumbalgia:

  • antiinflamatorios para contrarrestar la inflamación del disco que causa la hernia y acelerar su pérdida de volumen.
  • analgésicos para mejorar el dolor.
  • relajantes musculares para reducir la contractura muscular.
  • comenzar a hacer ejercicio cuando el dolor lo permite.
  • ciertos fármacos desarrollados como antiepilépticos (como la “gabapentina” o la “pregabalina”), están especialmente indicados en aquellos pacientes en los que el dolor irradiado es muy intenso.

En los casos de hernia discal en los que está indicada la cirugía, la técnica de elección es la “microdiscectomía”,  que consiste en quitar sólo la parte de disco herniado que está comprimiendo una estructura nerviosa.

Dr. Edgar Torres, traumatólogo, Hospital A. Serra.

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