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Niños que llegaron a Las Grutas y por primera vez vieron el mar

Son chicos que pertenecen a los hogares ORESPA, institución que cuenta con el apoyo del Gobierno provincial.

Como sucede cada año, el grupo pasa el verano en Las Grutas y siempre hay muchos de ellos que viven la experiencia de sentir el mar por primera vez.

Durante el año a los chicos y jóvenes que concurren a los Hogares de la Organización de Escuelas Parroquiales (ORESPA) de Villa Regina, hay algo que los mantiene expectantes, soñando despiertos, en algunos casos imaginando cómo será ese momento, en otros queriendo volver a vivirlo. Eso que tanto anhelan es conocer el mar y su encanto, sentir por fin todo lo que imaginaron y para los que ya saben, es disfrutarlo como si fuera la primera vez.

Desde siempre, Las Grutas es el lugar elegido para hacerlo y en 2018 muchos de los chicos ya pudieron divertirse a lo grande en las playas que posee el balneario. El grupo pasa sus veranos en la Casa de Nazareth, un complejo muy cerca del mar, en dirección a la Tercera Bajada, perteneciente a la Obra de Don Bosco en la Patagonia. 

A las tareas cotidianas, a ese trabajo constante que se realiza a partir de la solidaridad como una manera de ser y habitar el mundo, el viaje a Las Grutas es como la coronación de todo lo realizado. “¡Los chicos están con los preparativos todo el año! Es un viaje soñado”, afirmó Florencia Zubeldía, la coordinadora de los Hogares.
“Hay muchos de los chicos q
ue no conocían el mar y durante el año se preguntan cómo será Las Grutas; los que saben ya se sienten re superados y saben de todos los lugares y los otros se van sorprendiendo con cada cosa que ven”, contó en tono divertido. “Y por supuesto que esas expectativas se superan”, relató la referente desde Piedras Coloradas, donde este domingo decidieron levantarse temprano y caminar hasta este lugar. “¡Se la re bancaron!”. 
Además, en marzo visitan la playa con los más chiquitos “para cuidarlos de las altas temperaturas”.

Una constante actividad social y educativa

ORESPA es una institución que hace más de 50 años lleva adelante una ardua actividad social y educativa, en base al Sistema Preventivo de Don Bosco, con el apoyo constante del Gobierno de Río Negro. Durante el año asisten a alrededor de 120 chicos de entre seis y 18 años y también tienen una guardería a la que concurren unos 50 niños. “A partir de la obra salesiana tenemos cinco hogares. 
Uno para niños recién nacidos hasta cinco años que tratamos de que sea modalidad guardería; otros dos para nivel primario que es un hogar de varones y otro de mujeres y lo mismo con el nivel secundario”, explicó Zubeldía. Los hogares se encuentran ubicados en los barrios Tonini y Don Bosco.

La mayoría de los chicos concurren de lunes a viernes y los fines de semana la pasan con sus familias, pero no siempre se da esta situación. “La idea es que sea de lunes a viernes para que puedan estudiar y tengan sus necesidades cubiertas mientras los papás y mamás trabajan. La mitad puede hacerlo, la otra mitad por distintos motivos regresa con su familia cada 15 días o bien muchos permanecen en el hogar hasta que se resuelva su situación”, explicó la Coordinadora.

El apoyo del Gobierno provincial

Por un convenio de Ley, el Gobierno de Río Negro apoya de forma constante a estos hogares, que se canaliza por la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia. Además reciben muchas donaciones. “La colaboración del Gobierno es fundamental porque nos permite solventar todo lo que es el personal; los hogares funcionan los 365 días del año, a toda hora, no cerramos. Además, todos los gastos propios los solventamos con el apoyo de la comunidad, a través de donaciones, de la ayuda de los hospitales y muchos profesionales que conocen la obra también nos dan una mano”, afirmó Zubeldía.

Una gran familia 

Para Florencia y el resto del grupo de voluntarios, llevar adelante esta obra para chicos es una forma de vida, es un acto de amor que busca contagiar, transformar realidades y a partir de la solidaridad, superar cualquier problema. 

“A mí me encanta lo que hago, es una tarea diaria, como una segunda familia, como la vida misma, en la que con amor todo se supera”, enfatizó Florencia.

“En un vida a uno le toca atravesar distintas circunstancias y a los chicos también. Queremos que ellos aprendan a vivirlo así, a superar las cosas y salir adelante. Hay situaciones muy duras, sobre todo los casos judiciales que tienen demoras en el tiempo, porque al chico se le genera una incertidumbre y se pregunta ¿qué va a pasar con mi vida? ¿Dónde voy a ir? ¿Me voy a quedar siempre en el hogar? En esos casos se pone más duro pero lo vivimos como una casa y lo sacamos adelante todos juntos”, afirmó.

Como bien relató la Coordinadora, “se aprende todos los días, en cada gesto de ellos y vale la pena porque cada chico es único y es un camino encontrar la forma de llegar; somos varios los adultos que estamos y muchas veces ellos tienen más afinidad con uno de nosotros que con otro, entonces vemos cómo hablarle, levantarle el ánimo, saber que le pasa; es un acto de amor, es buscar que ellos se sientan amados y a partir de ese encuentro afectuoso vivenciar el amor de Dios”.

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