Pandemia y Terricidio: la otra realidad que plantea el testimonio de la comunidad indígena de Pillan Mahuiza.

moira




Palabras de la lamngen y weychafe Moira Ivana Millan desde Puelwillimapu, Lof Pillan Mahuiza. #BastaDeTerricidio

«Éste escrito fue muy duro de mandar debí enfrentar retenes, esconderme de vecinos espías, evitar policías y esperar buena conexión callejera en una mañana fría y lluviosa, tu lectura hace que valga la pena el sacrificio.

Pandemia y Terricidio: Mari Mari kom pu kom pu lamngen Ka pu wenuy Ka kom pu Che! Kiñeke ñi dungun fachiantu may. Me preguntan mi gente mis amigues, ¿cómo estoy?, y no respondo, mis largos silencios les inquieta, les preocupa, sin embargo éste silencio está lleno de palabras, salgo a caminar por mi Lof, miro la montaña, respiro su aroma otoñal y les hablo a ustedes también, les pienso y ensayo modos telepáticos de comunicarnos, algunes me responden diciendo que me han soñado, otres que mi imagen repentinamente se le ha empozado en su memoria, y así voy sabiendo quiénes apagan la tv y las redes sociales para conectarse de verdad al mundo.

Hoy les contaré por aquí como estoy viviendo la cuarentena: Soy afortunada al haber abandonado la futawarria hace ya tiempo, 20 años atrás tuve la certeza que un territorio me llamaba, lejos de la ciudad, y obedecí su llamado sin dudas. Hoy sé que esa gran cárcel con barrotes invisibles, llamadas metrópolis, ya no están cercadas sutilmente.
Los terricidas del mundo han descubierto métodos eficaces de control según pasan los tiempos, saben cómo inocular el terror, cómo invertir millones de dólares en armas químicas, virales, bacteriológicas. Logran convencernos que ellos, los mismos que nos enferman nos sanarán, ellos que nos matan, nos cuidarán, ellos que nos quitan la libertad, nos convocan a la resignación como resistencia contra un nuevo enemigo, ésta vez no es un grupo terrorista, es un virus.

Ya no pueden seguir inventando guerras, porque el belicismo pasó de moda, ahora la amenaza no es humana es invisible, es viral. No sé habla de otros peligros letales que afectan la salud de los pueblos. Silencian las voces de cuerpos famélicos, que gritan gemidos de hambre, porque éste sistema construido y sostenido por los terricidas, nos devora y se vuelve obeso con los pueblos que consume. La cuarentena me agarró aquí en el Lof Mapuche Pillañ Mahuiza, la vida transcurre en función del tiempo marcado por la naturaleza, nos abrazamos, nos reunimos alrededor del fuego todas las noches, circula la comida comunitaria y la palabra, el cielo estrellado nos ilumina, repartimos tareas en jornadas intensas, somos 8 mujeres, tres hombres y dos niñas. La mayoría estamos en carpa, porque nos agarró la cuarentena construyendo nuestras casas.

El estado se niega a permitirnos comprar materiales de construcción, tal vez cree que el coronavirus puede ser contagiado de machimbre a machimbre, de chapa en chapa, pero sí habilita en cambio que vayamos a comprar, a comprar sin restricción bebidas alcohólicas, las cuales no han sufrido ningún tipo de limitación, éste ha sido un factor determinante en muchas comunidades indígenas para el aumento de la violencia de género. Afortunadamente en nuestro Lof, el alcoholismo no existe.

Ha llegado el otoño con sus mágicos colores, pincelando el paisaje de rojos, naranjas y amarillos, con él llegó también mawün, la lluvia, abundante y fría, entonces comenzó nuestras primeras frustraciones, las carpas, colchones y frazadas se mojan, todo se inunda, y toca sacar el agua, cansa, da rabia. ¿por qué vivir esto si es posible evitarlo? Porque el centralismo porteño MATA! ¿A ningún funcionario se le ocurrió que debían zonificar las zonas de riesgo, en zonas de alto riesgo, bajo y nula? Porque hay micro zonas de nulidad absoluta para el coronavirus, sin embargo la aplicación uniformada de las medidas, no las contemplan y éstas se vuelven absurdas, agresivas y temerarias.

innHan llegado también las heladas y la escarcha se convirtió en un manto gélido y brilloso, aferrándose a las carpas, y ahí sí, el riesgo de enfermarse es más fuerte, no de coronavirus sino de neumonía y otras dolencias de este clima. El estado aparece en nuestras vidas como represor, boicoteador y negacionista. Como Mapuche no conozco un estado nación que obre distinto, me pregunto: ¿cómo vivirán la cuarentena mis hermanas Zapatistas? ¿Y el digno pueblo de Cherán con su autogobierno?

La autogestión y creatividad surge en nosotras y vamos resolviendo con estufas de barro, la lucha contra el frío, cerramos los ambientes colectivos reciclando basura que serán cubiertas de arcillas convertidas en robustas paredes, nos reinventamos ropa de abrigo y frazadas, nos organizamos con la comida dosificando el consumo de los productos que inevitablemente debemos comprar y van escaseando, el día se nos va acarreando agua, hachando leña, limpiando los baños secos, recolectando hongos y frutos de temporada, elaborando dulces, haciendo pan. Además nos damos el tiempo para la risa, la palabra, los afectos, juegos, ceremonias como el wixalxipal del alba.

En éstos días viví de modo muy especial la ceremonia por mi plenopausia, la fertilidad reproductiva ha finalizado en mi cuerpo y deseaba mucho agradecer a la Mapu, a pu ñgen, pu newen y kuifikecheyem por mi maternidad múltiple, no sólo por los hijes que me ha dado, sino también por mi nieta y les hijes de mis hijes que vendrán. En aquella ceremonia pedí al leufu sabiduría para asumir un abuelazgo, que aporte hacia una humanidad distinta y mejor. Me rape la cabeza y mi larga trenza fue ofrenda para mi tierra. No solo fue de gratitud y pedido, también recuperé y resignifique una partecita de mi historia, de mi primeros momentos de vida. A las semanas de nacer, me raparon la cabecita, y una sobrina de mi papá al verme dijo: _ se parece a Peyenka! Y eso arrancó risas y desde entonces y durante toda mi niñez, así me llamaron; Peyenka, ¿pero quién era Peyenka? Lo supe uniendo retazos deshilachados de la memoria materna y de ancianas amigas de mi madre.

Peyenka era una mujer tehuelche, alta y bien morena, rostro grande y recio, que en el comienzo de su adolescencia fue violada en manada por soldados argentinos. Luego de ese episodio se rapó el pelo, ella le tenía pavor a los hombres y también desprecio, sólo le hablaba a las mujeres, se vestía con harapos, de lo que alguna vez fueran prendas de vestir de su pueblo, y vivía bajo una hueralca de chulengo, nunca fue asimilada por el estado invasor, jamás se integró. Por ello la consideraron como loca y se burlaban de ella los » civilizados». Cuando era niña me avergonzaba, que el sobrenombre elegido para mí, fuera el nombre de una loca. Hoy me honra portar esa huella en mi historia, una mujer valiente, y fuerte, que no quiso olvidar, ni perdonar, ni negar su identidad.

De algún modo mi cabeza rapada me recuerda también el CHINEO y las miles de mujeres violadas, y mi propia violación a los 18 años, que callé por mucho tiempo por vergüenza y miedo, me recuerda que éste estado sigue siendo el mismo, que al igual que Peyenka no confío en él; me recuerda también cómo arrancaron los poderes a las mujeres del mundo, rompiendo el vínculo sagrado entre el útero de las mujeres y el útero de la tierra, ésta matriz civilizatoria perversa nos convenció que ese vínculo sagrado, solo le pertenecía a nuestra fidelidad, al hombre y se lo atribuyó al matrimonio, desmemoriadas le creímos, pero esa soledad profunda nada tenía que ver con el hallazgo de nuestra media naranja, sino con la separación de nuestra tierra.

Sé que mi pelo crecerá, como debe crecer desde la Mapu nuestra fuerza para vencer el Terricidio. Los mentores de la muerte, los gobernantes del mundo no quieren el buen vivir como derecho, no importa cuál es su escudo, su idioma oficial, su bandera, sus grandes empresas, los terricidas matan. A pesar que parece que estamos atados de pies y de manos que hoy no podemos decidir porque la situación es confusa impredecible y amenazante; yo elijo no ser espía del sistema, ni buchona de mi vecino, me niego a que los pueblos seamos reducidos a tan denigrante participación, en la autodefensa y seguridad sanitaria para garantizar la vida, reclamó el derecho a proponer medidas que sean solidarias, contenedoras, resolutivas, pragmáticas y aplicables, respetuosas, y no menos preventivas, porque en ellas pongamos amorosidad y respeto.

La resilencia de los pueblos indígenas con vasta experiencia en sobreponernos a epidemias, genocidios, epistemicidios, y todos los intentos de exterminios podemos ser fundamentales en la elaboración de un dispositivo de resguardo comunitario y al mismo tiempo de desenvolvimiento social y económico, sostenido en nuestras espiritualidades, en la reciprocidad y armonía, en el conocimiento de nuestros territorios. No se podrá sostener por mucho tiempo más ésta absurda y opresora medida homogeneizante, en nada se parece la realidad de las megas metrópolis con los territorios indígenas, es urgente la necesidad de una participación plena y consulta para mitigar los efectos de ésta cuarentena, constituyendo consejos comunales de participación territorial para el buen vivir de los pueblos. Claro que es necesario una cuarentena pero no es éste el modelo aplicable y si los estados nación se niegan, comencemos a construirlo igual, porque la sabiduría, no anida en los funcionarios de turno, ni en la corporocracia capitalista, racista, patriarcal y especista, sino en la Mapu, Pacha, tierra.

Al fin y al cabo somos todos los pueblos del mundo, todos los seres del planeta y las fuerzas que en él habita una sola identidad: terrícolas, es por ello que el Terricidio debe terminar y debemos perder el miedo y confiar, en que no estamos solos para ésta tarea, la tierra es nuestra principal aliada.

En éstos días al caminar en mí mapu me encontré entre los pinares un álamo altivo, soberbio, deshojándose, observé cómo regaba de hojas amarillas el suelo, y al desnudarse aparecía su verdadera estructura, sus multiformes ramas, algunas cortas, otras largas, armoniosa y altas, hasta tocar el cielo las más gruesas y otras gordas firmes y en caída hasta rozar el suelo, el abundante follaje que lo cubría, no me dejaba ver su verdadera esencia, la hechura de la madera que la constituye, sólo el otoño la enfrenta a su verdad.

Ha llegado nuestro otoño, y quiero saber de qué madera estamos hechas, sin adornos distractivos, sin falsos colores, despojadas de vanidad. Siento la firmeza de mis raíces, y la sabía milenaria que me nutre. El fin de wingkalandia ésta cerca. Pueblos del mundo unámonos contra el Terricidio, y sobre todo pueblos y nacionalidades indígenas levantemos autogobiernos territoriales, acaso las palabras del actual presidente, como así también todos los que les han precedido, no nos han afirmado que gobiernan para todos los argentinos. Nunca han dicho, que gobiernan para la Plurinacionalidad que habita éste país, tal vez ésta es la verdadera revolución, autogobierno de los pueblos, para el buen vivir construyendo la tierra sin mal. Finalmente una palabra que aprendí hace años atrás en el mapudungun de mis ancestros,» Yerpun» atravesar la noche, el luminoso mañana vendrá, cuando la pandemia más letal que nos inocularon hace siglos logremos vencerla definitivamente, la pandemia del miedo. Sin miedo sanaremos de verdad.

Desde Puelwillimapu Moira Millán weychafe mapuche.»

QUÉ TE GENERA ESTA NOTICIA



Artículo anteriorRío Negro refuerza las acciones contra la violencia de género durante el aislamiento
Artículo siguienteHomenaje de los concejales a la sociedad en la pandemia