Las 20 preguntas más importantes sobre la vacunación (ultima parte)

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  1. ¿Cómo funcionan las vacunas? ¿Funcionan contra virus y bacterias?

Las vacunas funcionan para inducir al sistema inmunológico contra “ataques” futuros de una enfermedad en particular. Existen vacunas contra patógenos virales y bacterianos, o agentes causantes de enfermedades.

Cuando un patógeno se introduce al cuerpo, el sistema inmunológico genera anticuerpos para tratar de combatirlo. Dependiendo de la fortaleza de la respuesta inmunológica, y la eficacia con que los anticuerpos combaten al patógeno, podría enfermarse o no.

Sin embargo, si se enferma, algunos de los anticuerpos que se crean se quedarán como vigilantes en el cuerpo cuando ya no esté enfermo. Si en el futuro el cuerpo está expuesto al mismo patógeno, los anticuerpos lo “reconocerán” y combatirán.

Las vacunas funcionan debido a esta función del sistema inmunológico; están formadas por una versión muerta, debilitada o parcial de un patógeno. Cuando recibe una vacuna, la versión del patógeno que ésta contenga no será lo suficientemente fuerte o abundante como para enfermarle, pero es suficiente para que su sistema inmunológico genere anticuerpos en contra del patógeno; como resultado, usted obtiene inmunidad futura contra la enfermedad sin haberse enfermado. Si se ve expuesto nuevamente ante el patógeno, su sistema inmunológico lo reconocerá y lo podrá combatir.

Algunas vacunas contra bacterias están hechas con una forma de la bacteria misma. En otros casos, podrán estar formadas por una forma modificada de una toxina generada por la bacteria, por ejemplo, los síntomas del tétanos no se ocasionan directamente por la bacteria Clostridium tetani, sino por la tetanospasmina, una toxina generada por esa bacteria. Por lo tanto, algunas vacunas bacterianas están hechas de una versión debilitada o inactiva de la toxina que realmente produce síntomas de la enfermedad; la toxina debilitada o inactiva se llama toxoide, por ejemplo, una vacuna contra el tétanos se hace con el toxoide de la tetanospasmina.

  1. ¿Por qué no todas las vacunas son 100% eficaces?

Las vacunas están diseñadas para generar una respuesta inmunológica que protegerá a la persona vacunada de exposiciones futuras a la enfermedad. Sin embargo, los sistemas inmunológicos individuales son tan diferentes que, en algunos casos, el sistema inmunológico de la persona no generará una respuesta adecuada. Como resultado, no estará protegido con eficacia después de la vacunación.

Dicho esto, la eficacia de la mayoría de las vacunas es alta. Después de recibir la segunda dosis de la vacuna MMR (sarampión, paperas y rubéola), o la vacuna independiente contra el sarampión, un 99.7% de las personas vacunadas quedan inmunes contra el sarampión. La vacuna inactiva contra la polio ofrece un 99% de eficacia después de tres dosis. La vacuna contra la varicela tiene entre un 85 y un 90% de eficacia en la prevención de todas las infecciones contra la varicela, pero es 100% eficaz en la prevención de varicela moderada y grave.

  1. ¿Por qué hay tantas vacunas?

Actualmente, el programa de inmunización infantil para niños desde que nacen hasta los seis años de edad, recomienda vacunarse contra 14 enfermedades diferentes. A algunos padres de familia les preocupa que esta cifra parece elevada, particularmente porque algunas de las enfermedades vacunables son ya muy raras.

No obstante, cada enfermedad para la cual se recomiendan vacunas puede provocar enfermedades graves o la muerte en poblaciones sin vacunar, y podrían comenzar a surgir de nuevo con rapidez si se redujeran las tasas de vacunación. Han surgido brotes de paperas en años recientes, desde que disminuyeron las tasas de vacunación, con complicaciones graves y hospitalizaciones requeridas para algunos pacientes. Antes de introducir la vacuna contra Hib (Haemophilus influenzae tipo b), la meningitis Hib afectaba a más de 12,000 niños estadounidenses al año, matando a 600 y dejando a muchos otros con convulsiones, sordera y discapacidades en su desarrollo. Después de introducir la vacuna, la cantidad de muertes por Hib se redujo a menos de 10 por año.

Cada vacuna del programa se recomienda debido a los riesgos que representa la infección en estado natural.

  1. ¿Es mejor la inmunidad natural que la inmunidad adquirida por las vacunas?

En algunos casos la inmunidad natural dura más que la inmunidad obtenida por la vacuna. Sin embargo, los riesgos de la infección natural sobrepasan los riesgos que implica cada vacuna recomendada. Por ejemplo, la infección por sarampión silvestre provoca encefalitis (inflamación del cerebro) en una de cada 1,000 personas infectadas; en general, la infección por sarampión mata a dos de cada 1,000 personas infectadas. En contraste, la vacuna conjugada MMR (sarampión, paperas y rubéola) tiene como resultado una reacción alérgica grave en solo una de cada millón de personas vacunadas, al mismo tiempo que previene la infección por sarampión. Los

beneficios de la inmunidad adquirida por la vacuna superan considerablemente los riesgos graves de la infección natural

Además, las vacunas contra Hib (Haemophilus influenzae tipo b) y tétanos en realidad brindan una protección más eficaz que la infección natural.

  1. ¿Por qué algunas vacunas requieren refuerzos?

No se ha entendido del todo por qué la duración de la inmunidad adquirida varía con las diferentes vacunas; algunas ofrecen inmunidad a largo plazo sólo con una dosis, mientras que otras requieren refuerzos para mantener la inmunidad. Las investigaciones recientes han sugerido que la persistencia de la inmunidad contra una enfermedad en particular podría depender de la velocidad típica que tiene el avance de la enfermedad en el cuerpo. Si una enfermedad avanza con mucha rapidez, la respuesta de la memoria del sistema inmunológico (es decir, los “anticuerpos guardianes” generados después de una infección o vacunación previa) tal vez no sea lo suficientemente rápida como para prevenir la infección, a menos que se le haya “recordado” la enfermedad hace relativamente poco tiempo, y por ello esté percatado de ella. Los refuerzos sirven de “recordatorio” al sistema inmunológico.

Se siguen haciendo investigaciones sobre la persistencia de la inmunidad generada por las vacunas.

  1. Me invitaron a una fiesta para contagiar la varicela. ¿Sería mejor que mi hijo se enfermara de varicela de esta manera? ¿Por qué nos vacunamos contra una enfermedad leve como la varicela?

Por lo general, la idea de “fiestas de varicela” está vinculada a la percepción de la varicela como una enfermedad inofensiva. Sin embargo, antes de que se tuviera disponible la vacuna contra la varicela, en Estados Unidos las infecciones por varicela causaban 10,000 hospitalizaciones y provocaban más de 100 muertes al año. Exponer a un niño a la varicela silvestre lo pone en riesgo de padecer un caso grave de la enfermedad.

Incluso los casos poco complicados de varicela ocasionan que los niños pierdan una semana o más de clases, y que alguien falte al trabajo para cuidar al niño enfermo.[1] La infección natural significa también un riesgo de infectar a otros: aunque una vacunación exitosa protege a un niño contra la varicela sin este riesgo, los niños infectados con la varicela son contagiosos de manera natural, pueden contagiar la enfermedad a otras personas: no sólo a otros niños, sino también a adultos, quienes tienen un mayor riesgo de complicaciones por la enfermedad.

Mientras tanto, la vacuna contra la varicela previene habitualmente contra una infección futura por la enfermedad. En casos raros, donde la persona no desarrolla una protección adecuada por la vacuna para prevenir una infección a futuro, comúnmente la infección por varicela es leve, tiene menos síntomas y termina más pronto que la infección natural (no obstante, la gente con esta forma leve es contagiosa, y se debe tener cuidado de no exponer a otros al virus).

  1. ¿Podemos contraer una enfermedad supuestamente prevenida por la vacuna? ¿Y por qué algunas vacunas tienen patógenos vivos, pero otras patógenos muertos?

Las vacunas que se producen con versiones muertas de los patógenos (o con solo una parte del patógeno) no pueden provocar la enfermedad, cuando una persona recibe este tipo de vacuna, es imposible que contraiga la enfermedad.

Las vacunas vivas atenuadas (o debilitadas) en teoría pueden provocar la enfermedad, porque todavía es posible que se repliquen (aunque no bien) o que muten, lo cual puede tener como resultado una forma virulenta del patógeno. Sin embargo, están diseñadas tomando esto en cuenta y se atenúan para minimizar esta posibilidad. La reversión a una forma virulenta es un problema en algunas formas de la vacuna oral contra la polio (OPV, por sus siglas en inglés), y por eso en Estados Unidos actualmente sólo se usa la forma inactiva (IPV).

Es importante señalar que las vacunas atenuadas pueden provocar problemas graves en personas con sistemas inmunológicos debilitados, como en los pacientes con cáncer. Estas personas podrían recibir una forma muerta de la vacuna, si la hubiera disponible. De no ser así, los médicos podrían recomendarles que no se vacunen. En estos casos, las personas dependen de la inmunidad colectiva para protegerse.

En cuanto a por qué algunas vacunas contienen patógenos vivos y otras patógenos muertos, las razones varían según la enfermedad. Sin embargo, en general, las vacunas vivas atenuadas generan una inmunidad más

duradera que las vacunas muertas. Por lo tanto, es más probable que las vacunas muertas requieran refuerzos para mantener la inmunidad. No obstante, las vacunas muertas también tienden a ser más estables para fines de almacenamiento, y no pueden provocar la enfermedad. La comunidad médica debe tomar en cuenta las ventajas y desventajas al decidir el criterio que se va a emplear contra una enfermedad en particular.

  1. ¿Los sistemas inmunológicos de los bebés pueden soportar tantas vacunas?

Sí. Los estudios demuestran que los sistemas inmunológicos de los bebés pueden recibir muchas vacunas a la vez, más que la cantidad que se recomienda actualmente. El programa de inmunización se basa en la capacidad que tienen los bebés para generar respuestas inmunológicas, y en el riesgo a contraer ciertas enfermedades. Por ejemplo, la inmunidad que le transmite la madre al bebé al nacer solamente es temporal, y usualmente no incluye inmunidad contra polio, hepatitis B, Haemophilus influenzae tipo b y otras enfermedades que se pueden prevenir con las vacunas.

  1. ¿Por qué hay una nueva vacuna contra la influenza cada año?

A diferencia de la mayoría de las vacunas, que contienen las cepas más comunes, y que rara vez cambian, de un patógeno dado (si existe más de uno), la vacuna contra la influenza estacional cambia cada año. Esto se debe a que las cepas de virus de la influenza en circulación cambian continuamente. Cada año, los investigadores eligen los virus que tienen más posibilidades de circular en el curso de la próxima temporada de influenza, y en base a estos se hace la vacuna para proteger contra las cepas más dominantes. Así que cuando reciba una vacuna contra la influenza estacional, no está recibiendo otra “dosis” más de la misma vacuna contra la influenza. Más bien, recibe protección contra un grupo totalmente nuevo de virus de la influenza.

  1. ¿Qué es la inmunidad colectiva? ¿Es real? ¿Funciona?

La comunidad colectiva, conocida también como inmunidad comunitaria, se refiere a la protección que se ofrece a todas las personas que forman parte de una comunidad, gracias a las altas tasas de vacunación. Cuando un número suficiente de personas se vacuna contra una enfermedad, es difícil que ésta adquiera fuerza dentro de la comunidad, lo cual tiene como consecuencia un tipo de protección para quienes no pueden recibir vacunas (como los recién nacidos y las personas con enfermedades crónicas), y se reduce la posibilidad de un brote que pudiera exponerlos a la enfermedad.

  1. ¿Por qué la alergia al huevo es una contraindicación para recibir algunas vacunas?

Algunas vacunas, que incluyen a la mayoría de las vacunas contra la influenza, se cultivan en huevos de pollo. Durante el proceso para crear la vacuna se extrae la mayor parte de la proteína del huevo, pero hay inquietudes sobre las posibles reacciones alérgicas que podría generar una vacuna a las personas que son alérgicas al huevo.

Un informe reciente descubrió que la mayoría de los niños alérgicos al huevo que recibían una vacuna contra la influencia no tuvo reacciones adversas; aproximadamente 5% de los niños en el grupo de estudio desarrolló reacciones relativamente leves como urticaria, la mayoría de las cuales se resolvió sin necesidad de tratamiento.[2] Se realizan investigaciones adicionales para estudiar más a fondo esta situación.

En la mayoría de los casos, sólo a personas con una alergia grave al huevo (que ponga en peligro la vida) se les recomienda que no reciban vacunas basadas en huevos. Su médico puede proporcionarle información específica.

  1. ¿Provocan autismo las vacunas?

Esta posibilidad se hizo pública después de que un médico británico afirmó, a través de un de1998, que tenía evidencias que probaban que la vacuna MMR (sarampión, paperas y rubéola) estaba vinculada al autismo. Se ha explorado meticulosamente ese posible vínculo; un estudio tras otro no han encontrado dicho vínculo, y el Lancet, que publicó el estudio original de 1998, lo retiró formalmente. También se realizaron estudios acerca de la posibilidad de un vínculo entre el timerosal, un conservante que se usa en algunas vacunas, y el autismo. Una vez más, no se encontraron vínculos.

Es posible que este mal entendido persista debido a que coinciden los primeros rasgos de autismo con la vacunación a edad temprana.

  1. La gente dice que las vacunas están relacionadas con problemas de salud a largo plazo como esclerosis múltiple, diabetes y autismo, ¿es verdad?

Todas las vacunas tienen posibles efectos secundarios. Sin embargo, la mayoría son leves y temporales. Los efectos adversos de las vacunas se vigilan cuidadosamente a través de varios sistemas de información que no han corroborado estas afirmaciones.

  1. La hoja informativa de la vacunación reciente de mi hijo indica varios efectos secundarios posibles. ¿Por qué se recomienda la vacuna si puede provocar todos estos efectos secundarios?

Toda vacuna tiene efectos secundarios potenciales que, por lo general, son muy leves, como malestar en el sitio de la inyección (para una vacuna que se aplica con una jeringa), dolores de cabeza y fiebre leve. Sin embargo, también es posible sufrir efectos secundarios serios, que incluyen reacciones alérgicas graves. No obstante, la incidencia de estos efectos secundarios es sumamente rara (su médico le puede explicar con detalle los riesgos de cada vacuna; también hay más información disponible en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades).

Al considerar los posibles efectos secundarios de una vacuna, es importante hacerlo en contexto. Aunque algunos posibles efectos secundarios son graves, son sumamente raros, y es importante recordar que la decisión de no vacunarse también conlleva a riesgos graves. Las vacunas protegen contra enfermedades infecciosas que pueden ser mortales; evitar la vacunación aumenta el riesgo de contraer esas enfermedades y de contagiarlas a los demás.

  1. ¿Se realizan suficientes pruebas de seguridad a las vacunas?

Se realizan numerosas pruebas a las vacunas antes de que las aprueben, y después de su lanzamiento se les sigue vigilando por si hubiera reacciones adversas. Consulte más información y detalles sobre este tema en nuestro artículo sobre las pruebas y la seguridad de las vacunas.

  1. ¿Contienen las vacunas tejido de fetos abortados?

El virus de la vacuna contra la rubéola, que se incluye en la inyección de MMR (sarampión, paperas y rubéola), se cultiva usando líneas celulares humanas. Algunas de estas líneas celulares se iniciaron con tejido fetal obtenido en la década de 1960 a partir de abortos legales. No se requiere tejido fetal nuevo para generar la vacuna contra la rubéola.

  1. ¿Acaso no es cierto que una mejor higiene y nutrición fueron responsables de la reducción en la tasa de mortalidad y enfermedad, más que las vacunas?

Las mejoras a la higiene y nutrición, entre otros factores, ciertamente puede reducir la incidencia de algunas enfermedades. Sin embargo, los datos que documentan la cantidad de casos de una enfermedad, antes y después de introducir una vacuna, demuestran que las vacunas son ampliamente responsables de las mayores disminuciones en las tasas de enfermedades; por ejemplo, entre 1950 y 1963, los casos de sarampión variaban entre 300,000 y 800,000 anuales en Estados Unidos, pero en esa época se comenzó a usar ampliamente una vacuna contra el sarampión autorizada oficialmente. Para 1965, se vio una disminución considerable en los casos de sarampión en EE.UU. En 1968, se reportaron aproximadamente 22,000 casos (una disminución del 97.25% del máximo de 800,000 casos en apenas tres años); para 1998, la cantidad de casos era en promedio de unos 100 al año o menos. En la mayoría de las enfermedades para las cuales se tenían vacunas disponibles se vio una disminución similar después de la vacunación.

Quizá la varicela es la mejor prueba de que las vacunas, y no la higiene y la nutrición, son responsables de la caída brusca en las tasas de enfermedad y mortalidad. Si la higiene y la nutrición por sí mismas fueran suficientes para prevenir enfermedades infecciosas, las tasas de varicela hubieran disminuido mucho antes de introducir la vacuna, que no estuvo disponible hasta la mitad de la década de 1990. La cantidad de casos de varicela en Estados Unidos a inicios de la década de 1990, antes de que se introdujera la vacuna en 1995, era

aproximadamente de cuatro millones al año. Para 2004, la incidencia de la enfermedad había disminuido aproximadamente en un 85%.

  1. ¿Por qué no podemos erradicar otras enfermedades, como lo hicimos con la viruela?

En teoría, casi cualquier enfermedad infecciosa para la cual exista una vacuna eficaz debería ser erradicable. Con un grado suficiente de niveles de vacunación y coordinación entre organizaciones de salud pública, se puede prevenir que una enfermedad adquiera fuerza en cualquier parte; tarde o temprano, sin nadie a quien infectar, debe desaparecer (una excepción notoria es el tétanos, que es infecciosa, pero no contagiosa, y la ocasiona una bacteria que se encuentra normalmente en heces de animales, entre otros lugares. Por lo tanto, el tétanos no se podría erradicar sin eliminar totalmente del planeta a la bacteria Clostridium tetani.)

Sin embargo, la viruela es poco común en el conjunto de características que la hicieron susceptible a la erradicación. A diferencia de muchas otras enfermedades infecciosas, la viruela no tiene reservorio animal. Es decir, no se puede “esconder” en una población animal y resurgir para infectar a humanos, aunque algunas enfermedades pueden hacer justamente eso (por ejemplo, la fiebre amarilla puede infectar a algunos primates; si un mosquito pica a un primate infectado, puede transmitir el virus a los humanos).

otro obstáculo para la erradicación de muchas enfermedades infecciosas está en la evidencia física. La gente con viruela era sumamente notoria, las erupciones en la piel de la viruela se reconocían fácilmente, así que los casos nuevos se podían detectar con rapidez. Los esfuerzos de vacunación se pueden enfocar en la ubicación de los casos y la exposición potencial a otras personas. En contraste, la poliomielitis no genera síntomas visibles aproximadamente en un 90% de las personas que portan la enfermedad. Como resultado, rastrear la propagación del virus de la polio es sumamente difícil, lo cual hace que sea un objetivo difícil para la erradicación.

Tal vez lo más importante es que, por lo general, los pacientes con viruela no alcanzan su nivel más alto de inefectividad (es decir, su capacidad de infectar a otros) hasta después de que aparecen las erupciones en la piel. Como resultado, una acción rápida para poner en cuarentena a las personas infectadas cuando brotaban las erupciones en la piel, dejaba, por lo general, bastante tiempo para vacunar a alguien que ya había sido expuesto, y prevenir exposiciones adicionales. Muchas enfermedades infecciosas no permiten este tipo de tiempo de reacción; por ejemplo, los pacientes con sarampión pueden ser infecciosos hasta cuatro días antes de que aparezcan las erupciones en la piel del sarampión. Como resultado, pueden contagiar el virus a muchas, muchas otras personas antes de que alguien se entere siquiera que ha sido infectado.

Mucha gente todavía piensa que es posible erradicar ciertas enfermedades. Se hacen esfuerzos continuos para erradicar la poliomielitis y la dracontiasis (infección por el gusano de Guinea), y ambas se han eliminado en muchas regiones, pero siguen siendo endémicas en varios países. Mientras tanto, en 2008, el Equipo operativo Internacional del Centro Carter para la Erradicación de Enfermedades declaró que cinco enfermedades adicionales podrían ser erradicables: filariasis linfática (elefantiasis), sarampión, paperas, rubéola y teniasis.[3]

  1. ¿La vacuna contra la poliomielitis está relacionada con el VIH?

En la década de 1990 algunas críticas comenzaron a circular sobre una vacuna contra la polio debilitada y viva que se probó en África en la década de 1950, y que se vinculó con la propagación del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Quienes estaban detrás de la acusación argumentaban que se habían usado células de chimpancé para crear la vacuna, y que estaban contaminadas con un virus que les afecta en ocasiones: el Virus de la Inmunodeficiencia Símica, o VIS. También argumentaban que cuando se aplicó la vacuna a los niños de África, el VIS mutó para convertirse en virus de la inmunodeficiencia humana o VIH, que provoca el SIDA.

Sin embargo, se demostró que las acusaciones eran falsas por diversas razones. Lo más notorio es que la vacuna contra la poliomielitis debilitada no se producía con células de chimpancé, sino con células de mono. La vacuna se probó posteriormente con una técnica que puede detectar el ADN viral (la técnica PCR, por sus siglas en inglés, que significan reacción en cadena de la polimerasa); no contenía ni VIS ni VIH.

Los investigadores de la Universidad de Birmingham en Alabama demostraron en 2006 que aunque el VIH era de hecho un derivado del VIS, los chimpancés de Camerún que habían sido infectados con el VIS en la década de 1930 eran la fuente más probable de la epidemia de SIDA, esto sucedió décadas antes de las pruebas en África con la vacuna contra la polio debilitada.

  1. ¿La vacuna contra la poliomielitis está relacionada con el cáncer?

Las vacunas contra la poliomielitis desarrollada por Jonas Salk y Albert Sabin a mediados del siglo XX se producían a partir de células de mono. Años después, el microbiólogo Maurice Hilleman descubrió un virus de mono en ambas vacunas: el 40oVirus de mono descubierto, al cual le llamó virus símico 40 (SV40) (la vacuna muerta de Salk, que había sido tratada con formaldehído, tenía cantidades muy pequeñas del virus; la vacuna viva de Sabin estaba intensamente contaminada). Preocupado por los posibles efectos que podría tener el virus en los humanos, Hilleman lo inyectó en hámsteres, y descubrió que casi todos habían desarrollado enormes tumores cancerosos. Sin embargo, el pánico inicial ocasionado por esa situación cedió ante estudios posteriores.

o En primer lugar, los hámsteres que ingirieron SV40, en lugar de que se los inyectaran no se enfermaron de cáncer. La vacuna viva de Sabin (que contenía más SV40 que la de Salk) fue aplicada oralmente. Estudios adicionales mostraron que los niños a quienes se aplicó la vacuna de Sabin no desarrollaron anticuerpos para la SV40; simplemente pasó por su sistema digestivo y nunca ocasionó infección.

Por lo tanto, únicamente la vacuna de Salk era la única con posibles consecuencias, ya que aunque contenía muy poco SV40, se aplicaba por inyección. Estudios realizados ocho, quince y treinta años después de que las vacunas contaminadas por SV40 se habían aplicado a niños, descubrieron que tenían la misma incidencia de cáncer que los grupos no vacunados. No existen pruebas creíbles que sugieran que la SV40 provocó alguna vez cáncer en humanos.

Material extraído de la Federación de Vacunación de la FDA Norteamericana miembro de la organización Mundial de la Salud

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