Andrea Manso, del Aeroclub de San Antonio a ser copiloto en Austral Líneas Aéreas



La sanantoniense Andrea Manso es una de las 23 mujeres que están al mando o son copilotos de líneas aéreas crucero  “Cuando a los 19 años hacía el curso en el aeroclub en San Antonio, todavía no había mujeres en este ambiente. Yo me conseguía los vuelos, no me pagaban pero iba acumulando las horas. A veces preferían darle los vuelos a un hombre. También, durante los exámenes, me la hacían más difícil que a ellos: me preguntaban el nombre de un río perdido o la ubicación de un tornillo sin ninguna importancia”, recuerda Andrea Manso, copilota de Austral desde 2012.

Si bien supo sobrellevar las presiones de esos espacios machistas, el camino de esta sanantoniense, cuya familia reside en Las Grutas, tiene 44 años y para llegar a la cabina de un avión fue largo y variado.

A los 4 años acompañaba a su papá a volar en el aeroclub de enfrente de la casa familiar. Dice que de esa época tiene imágenes a modo de flashes: el tapizado del avión, los instrumentos y las cartas que se utilizaban para el vuelo.

Una década después, ya egresada del secundario, les dijo a sus padres que quería volar. “¿No preferís ser arquitecta? Sos mujer y hay poco trabajo de piloto”, la desalentaron. Finalmente, una charla con su abuelo la decidió a seguir su deseo y hasta se llevó materias a propósito para no tener que cursar la carrera en la que la habían anotado. Con tanta convicción, logró el apoyo de sus padres.

“Me bajo acá. Da la vuelta y el próximo lo hacés sola”, le dijo su instructor el día en que estuvo lista para volar sin su supervisión. Dice Andrea que encarar la pista para despegar y ver el asiento del acompañante vacío fue uno de los momentos inolvidables de sus épocas de aprendiz.

Su primer trabajo fue con aviones que realizaban operativos antiplagas por el Alto Valle del río Negro. Al poco tiempo, se fue a vivir a España, donde recorrió el Mediterráneo buscando bancos de atunes para los barcos pescadores. Allí hizo el curso para aviones fumigadores y apaga-incendios. Durante dos años, su vida fue sobrevolar el mar o vigilar la costa de las Islas Baleares, identificando zonas donde se acumulaba la basura. Después, cuando la crisis de la aviación llegó a España, volvió a la Argentina convocada por una línea área. Fue la primera vez en su carrera que se cruzó con otra mujer pilota.

Desde aquellos primeros trabajos en Europa hasta comandar un vuelo en un avión de pasajeros comercial, pasaron 20 años. El último salto fue en 2011: pasó a Austral (donde hoy las pilotas y copilotas son siete).

“Creo que ahora hay un poco más de espacio para las mujeres en esta profesión, porque seguimos para adelante las que estábamos en ese momento. Y porque en la sociedad hay un cambio de visión sobre el tema”, asegura Andrea. Sabe que cuando la tripulación anuncia los nombres del comandante y copiloto, todas las cabezas apuntarán sorprendidas hacia la cabina. “Una vez una pasajera me preguntó si iba a saber cómo estacionar el avión”, recuerda risueña. “Posiblemente -dice en tono comprensivo- la pregunta surgió del prejuicio, o de la ansiedad que les produce a muchas personas subirse a un avión”.

Para contrarrestar los preconceptos y el desconocimiento sobre la profesión, las pilotas del mundo unieron fuerzas en la Sociedad Internacional de Mujeres Pilotos de Líneas Aéreas. Se trata de un movimiento global nacido en Estados Unidos como un club social, a fines de los 70, que nuclea a las mujeres que se dedican a la aviación. En su versión latinoamericana organizan reuniones y encuentros y tienen un grupo de WhatsApp donde comparten información, notas y entrevistas referidas a la profesión y a sus referentes. El objetivo es derribar el mito de que las mujeres no pueden ser pilotas y visibilizar a la carrera como una opción laboral más.

¿Y las contras? ¿Hay alguna característica de esta profesión que no sea tan maravillosa? Sí, reconoce Andrea: los horarios rotativos. Le encanta no tener una rutina fija pero, por ejemplo, las horas de sueño cambiadas la hacen despertar a las tres de la mañana en un día libre. ¿Y los riesgos de la aviación en sí? “Estamos muy entrenados y las normas de seguridad en la aeronáutica son muy estrictas. Me da más miedo andar con el auto en la ruta”. (Diario La Nación / colaboró Adrián Osovnikar)

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