MICROBIOS Y ARTICULACIONES: LA RELACIÓN ENTRE INFECCIÓN Y ARTICULACIONES.



La artritis séptica es un tipo de artritis (inflamación de las articulaciones) debida a una infección. Existen dos clases principales de infección  que pueden resultar en artritis: bacteriana (causada por bacterias) y viral (causada por virus). En casos raros la artritis se puede deber a una infección por parásitos u hongos. En la mayoría de los casos, la infección comienza en otra área del cuerpo y viaja a través del torrente sanguíneo a la articulación. En otros casos, la infección puede entrar directamente en la articulación a través de una lesión en la misma.

Muchas bacterias y virus comunes pueden causar la inflamación de una articulación.

La artritis séptica puede ocurrir a cualquier edad desde la infancia, pero alrededor de la mitad de los casos son en personas mayores de 60 años. Los factores de riesgo son: edad avanzada y tener una enfermedad coexistente, o cualquier condición en la cual el sistema inmunológico esté comprometido.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas de la artritis séptica difieren dependiendo de la gravedad y el tipo de infección que se trate. Los síntomas de la artritis bacteriana son: dolor articular (moderado o severo), calor (aumento de la temperatura local), eritema (enrojecimiento) y edema (hinchazón). Cualquier movimiento de la articulación es extremadamente doloroso. A menudo tales síntomas se manifiestan rápidamente y pueden acompañarse de fiebre y escalofríos. Los síntomas de la artritis de etiología viral  en su mayoría se manifiestan gradualmente, causando dolor articular generalizado, en lugar de artritis específica. Los primeros y más importantes pasos en el diagnóstico son el historial clínico y el reconocimiento físico. Normalmente, los médicos confirman el diagnóstico o descartan la artritis séptica a través de un análisis de sangre o al tomar muestras de líquido de las articulaciones y examinar si existe infección.

Opciones de tratamiento.

El tratamiento, como la sintomatología, depende del agente infeccioso y otros factores. Si la infección es causada por una bacteria, el tratamiento generalmente consiste en antibióticos intravenosos a veces seguidos de una dosis alta de antibióticos orales  por varias semanas más dependiendo de la respuesta. Casos más difíciles requieren de drenaje frecuente del líquido de las articulaciones o cirugía para evacuar este. El tratamiento también consiste en descansar y proteger la articulación durante la fase aguda. También se pueden utilizar antiinflamatorios.

El factor más importante en el éxito del tratamiento bacteriológico de la artritis, es el tiempo. Para quienes reciben un tratamiento precoz y adecuado de la artritis bacteriana, es posible, alcanzar una recuperación completa.

Si cree que puede tener una infección en una articulación su consulta rápida puede ayudar a prevenir problemas mayores para esa articulación.

Dr. Edgar Torres, traumatólogo, Hospital A. Serra.

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