Las Grutas: Débora Neculman “Bory”, seleccionada en el Concurso Nacional de Actividades Performáticas en entornos virtuales

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El Instituto Nacional del Teatro finalizó el llamado para el “Concurso Nacional de Actividades Performáticas en entornos virtuales”, enmarcado en el contexto de emergencia sanitaria debido a la pandemia de COVID-19 y normado por la Ley Nacional del Teatro N°24.800.

La convocatoria estuvo destinada a los artistas de diversos lenguajes escénicos, para contribuir a la contención y al desarrollo de diversas propuestas creativas que, de manera individual o grupal, desde su lugar físico de aislamiento social, obligatorio y preventivo, confluyan en un hecho artístico utilizando como soporte de creación y difusión la intermediación tecnológica, tales como el video, el streaming, las plataformas virtuales, redes sociales, video, etc.

La bailarina y coreógrafa, Débora Sansó Neculman de la Las Grutas, entre las seleccionadas a nivel nacional con su escénica y performance propuesta conocida como DesBorDes, con una esencia en la práctica artística y sensible autobiográfica.

Débora Sansó Neculman, sobre el concurso del INT y su presentación; indicó a este medio “En contexto de pandemia el Instituto Nacional del Teatro, lanzó la convocatoria “actividades performáticas en entornos virtuales” de la cual participe con la propuesta DesBorDes, que es un trabajo estrenado en 2019, en principio para espacio escénicos no convencionales, pero en este caso la propuesta que hice para presentar fue una adaptación con transmisión en vivo desde una casa y en formato es audiovisual. La transmisión en vivo y en directo fue por las redes del colectivo cultural les mirones”.

“Un proceso creativo independiente en tiempos de revisión de la propia práctica en danza, este fue el puntapié para la participación en el concurso, con respecto a la creación y cómo surge DesBorDes”

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“A mediados de 2018 empecé a buscar un lugar para mis prácticas, es decir para los ensayos, por esos años vivía en Viedma, y encontré lugar para las prácticas en Carmen de Patagones. Un espacio que debía alquilar y costearlo con las clases de danza contemporánea, que dictaba. Pero ¿Qué quería o necesitaba practicar? Estaba como una hoja en blanco, pero con el cuerpo latiendo impulsos internos e intensos pidiendo una pista de baile. Así empezó este proceso, después de un tiempo suficiente de habitar y con ideas sin forma en mi cabeza, decidí des-jerarquizar ese lugar del cuerpo al que a veces le damos más importancia que a otras partes, y por fin darle formas corpóreas a ese caos que me merodeaban. Ahí empezó el destilar. Horas metidas ahí, siempre sola y mayormente en silencio”.

“Porque creía que, si no podía ni yo desenredar esa maraña, cómo iba a poder involucrar a más personas en algo inexplicable. Seguramente alguien se hubiera sumado; Peor yo deseaba profundamente encontrarme en esa soledad y darme ese tiempo al fin, como queriendo caminar por fuera de todo lo aprendido, de tantos años de clases y formación académica o formal, de tanto mirar afuera. Esta vez quería mirar territorio adentro, jugármela solo para mis impulsos e ideas”.

“El proceso, fue nómade continuando en Las Grutas en el 2019, donde vivo actualmente. Y fue en la Casa de la Cultura de la segunda bajada, el espacio donde lleve a cabo mis prácticas de danza. Esta vez no tenía la presión de tener que pagar por el lugar, ya que podía hacer de su porque es es público y de todos los artistas, nuestra casa de la cultura, nuestro centro cultural”.

“A principios de este año eligieron el trabajo DesBorDes, que se encontraba en proceso para participar de una plataforma llamada “procesos colaborativos en danza”, en la ciudad de Neuquén. Este proyecto contaba con el apoyo del F.N.A y el acompañamiento de la dramaturga y performer Clauda Ganquín (neuquina y grutense), quien coordina los encuentro una vez por mes. Si bien, participar era gratuito gracias al apoyo antes mencionado, yo era la única que viajaba de lejos, ya que el resto de los participantes eran de Neuquén y Cipolletti”.

“El proceso duró de marzo a octubre, con el compromiso de viajar una vez por mes a Neuquén, costeando los gastos de mi bolsillo. Alojándome en casas de otros compañeros del proyecto y compartiendo, también los gastos de comida. Todo esto lo menciono a modo de ejemplo de lo que implica a nivel económico pensar en un proyecto independiente, porque es mucho el tiempo y el dinero que invertimos en nuestra formación, en nuestros ensayos, en nuestros trabajos dando clases que muchas veces (por no decir, la mayoría o casi siempre) son autogestivas, con pocos recursos y los medios para poder llevarlas adelante”.

“Nuestra profesión, nuestras investigaciones, nuestros proyectos son trabajos poco conocidos, pero muy valiosos. Como trabajadora de la danza, en este punto de la Patagonia y consciente del lugar que elijo para vivir y desarrollar mi profesión, investigó y buscó generar conocimiento específico en mis prácticas y si bien, esa sensación de empezar un proyecto siempre en condiciones desfavorables es cierta, también es cierto que he aprendido a fortalecerme y a trabajar con lo que tengo, en verdad es simple y sencillo todo lo que tengo, pero es infinito”.

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