Recomendaciones para quienes encuentran pichones de loros barranqueros u otras aves

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Los biólogos Masello y Balbiano difundieron recomendaciones para los meses de enero y febrero cuando es más común encontrar pichones de loros y otras aves.


Los biólogos Juan Masello y Alejandro Balbiano dan recomendaciones sobre qué hacer, cada diciembre y enero, en la colonia de loros del El Cóndor, es habitual que los vecinos y turistas encuentren pichones caídos de sus nidos, al pie del acantilado, e incluso en la zona urbana.

En un texto difundido al prensa señalan que cuando las condiciones ambientales son adversas, como en el caso de sequías extremas que vienen afectando a la Patagonia desde hace varios años, hay menos disponibilidad de alimento para los loros barranqueros adultos y eso afecta también a los pichones, tanto en su crecimiento como en su supervivencia.

Los pichones pueden fallecer por dos causas: 1) por hambre, debido a su incapacidad para competir con sus hermanos mayores (los más pequeños y débiles de una nidada, empiezan a moverse más de la cuenta, por falta de comida y, a veces, se caen); 2) porque los padres dejan de alimentar a las crías más pequeñas y con menos chances de sobrevivir, favoreciendo así a las más fuertes (cuando los recursos son limitados, los padres invierten más recursos, como agua y comida, en el mantenimiento de su propio cuerpo, y disminuyen el esfuerzo en buscar alimento para algunos de sus polluelos).

Dejar que la naturaleza actúe

Que la gente quiera hacer algo por los pichones caídos de sus nidos, e incluso ayudar a los loros adultos con algún problema, es una acción solidaria y llena de buenas intenciones. Pero esta conducta podría provocar graves problemas sanitarios, a saber:

1) Para cuidarlos, las personas se los llevan a sus hogares donde conviven con animales domésticos, como canarios, gallinas y otras aves de corral, conejos y mascotas (perros y gatos). Pero estos animales domésticos pueden transmitir enfermedades a los loros, que al ser liberados nuevamente en la naturaleza (pensando que ya están recuperados), podrían enfermar a los loros sanos, especialmente en años dificiles;

2) Los pichones también podrían contagiar enfermedades a los humanos, sobre todo luego de varios días de cuidados en cautiverio, y transmitirnos infecciones bacterianas;

3) Los seres humanos, también podemos transmitir enfermedades a las aves que pretendemos ayudar. Esto se ha demostrado recientemente en animales de zoológicos contagiados con COVID-19, de origen humano. Es muy difícil diagnosticar un ave contagiada con enfermedades humanas. Por lo tanto, cuando liberamos nuevamente un pichón de loro en su ambiente, aunque parezca sano, puede luego contagiar a toda una colonia.

Algunas recomendaciones

Sacar a los pichones de su medio natural no es bueno, desde un punto de vista sanitario, ni para ellos ni para los humanos, debido a las enfermedades que se pueden transmitir mutuamente.

La principal recomendación es no tocar a los pichones de loros, ni a ningún ave caída. Debemos dejarlos donde están para que los padres los encuentren y se hagan cargo de ellos. Los padres buscan y asisten a sus pichones en los primeros vuelos, y si los llevamos a nuestros hogares ellos jamás los encontrarán.

En el ciclo natural de la vida, los pichones y loros adultos son víctimas de predadores, como gaviotas cocineras, zorros y comadrejas. Así como los seres humanos nos alimentamos de otras especies, los predadores se comen a otros animales. Es importante recordar que los predadores carnívoros y carroñeros, también tienen crías para alimentar y ellos se ocuparán para que la vida continúe.

Los sobrevivientes serán individuos más aptos y mejor preparados para enfrentar los desafíos que les presenta el medioambiente silvestre.

Es indispensable dejar que la naturaleza siga su ciclo. A veces no hacer nada es la mejor acción.

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