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Editorial: renovar las caras, sostener el poder

Giuliano Da Empoli escribió: “La política no es el arte de lo posible, es el arte de lo invisible”, en su libro El mago del Kremlin, recientemente llevado al cine. La frase parece ofrecer una clave de lectura para lo que ocurre hoy en Río Negro.

Cada politólogo de la provincia intentará descifrar qué se trae entre manos Alberto Weretilneck con la jugada del recambio generacional y político en la conducción partidaria. Sin embargo, lo cierto es que la mayoría de los nombres que emergen responden al mismo núcleo de poder: el riñón “albertista”.

Lo invisible, entonces, podría ser justamente eso: el verdadero control del partido. Porque, aunque los asambleístas de JSRN no exhiben una renovación sustancial, el esquema parece orientado a compensar espacios y garantizar que los circuitos continúen bajo la órbita de los mismos actores. Una lógica que cobra sentido en el armado de cara a las elecciones previstas para abril de 2027.

Se perfila una nueva batalla electoral en la que las alianzas volverán a ser determinantes. En ese contexto, el cruce dialéctico entre Fullone y el gobernador podría leerse como una maniobra estratégica para desplazar del centro de la escena a Tortoriello.

El diputado nacional —empresario del transporte y presidente de la federación del sector— estuvo al frente del lockout patronal contra el aumento del combustible. Una postura que entra en tensión con su aparente alineamiento con el rumbo económico actual, evidenciando una falta de correlación entre discurso y acción cuando se trata de intereses concretos.

Weretilneck no solo hizo notar estas contradicciones hacia arriba, sino que además entiende que la mesa política que conduce Karina Milei no quiere rastros de “kirchnerismo” en las provincias. Esto configura un punto de coincidencia sobre quién es el verdadero adversario político tanto para JSRN como para La Libertad Avanza.

En ese marco, la supuesta renovación dentro de JSRN también parece orientada a sintonizar con ese cambio de época: dirigentes más permeables a las ideas que hoy impulsa la derecha, en medio de una transformación cultural que avanza con fuerza en las provincias.

Daniel López aparece como una figura con chances concretas de encabezar una candidatura legislativa por el circuito, aunque no es el único aspirante: también suena el nombre de Fabrio Mirano. La disputa, por ahora, se mantiene en el plano circuital, aunque en la “sábana” siempre hay margen para reconfiguraciones.

En la reunión de febrero, el propio Weretilneck fue claro: no habrá renovación de legisladores actuales. Esto implica que los nuevos nombres surgirán de acuerdos en la mesa de negociación, donde Adrián Casadei tendrá un rol central desde San Antonio. También incidirán Sierra Grande, con Roxana Fernández, y Valcheta, con Yamila Direne, esta última de la UCR aliada al oficialismo gobernante.

Aunque, como suele ocurrir en estructuras verticalistas y pragmáticas, las encuestas podrían terminar definiendo las candidaturas.

Incluso podría emerger algún nombre de la mesa local de JSRN, donde hay caras nuevas, aunque en su mayoría responden al armado de Casadei – Rossio. La excepción es Mirano, alineado con Javier Iud, quien esta semana formalizó su pase definitivo al partido tras completar su afiliación.

En cuanto a representaciones formales, Luis Noale quedó como asambleísta titular del circuito atlántico, mientras que Jessica Ressler lo hace por el ejido de San Antonio. Ambos aparecen como posibles candidatos a intendente en 2027, en una elección que incluso podría extenderse a octubre.

En este escenario de internas con listas de unidad, comienzan a delinearse los nombres que protagonizarán las próximas contiendas dentro del oficialismo.

A nivel provincial, el corrimiento de Weretilneck de la presidencia partidaria dejó afuera a varios dirigentes históricos, incluso algunos que formaron parte de la génesis del espacio en 2012. Un movimiento que tuvo su réplica en esta región, con el alejamiento de Rossio y Casadei de lugares formales.

Sin embargo, el poder —como tantas veces en política— no siempre se exhibe en los cargos. Permanece en los liderazgos, en la capacidad de ordenar, de negociar y de definir.

Porque en política, al final, lo invisible no desaparece: simplemente cambia de forma. Y es ahí donde se juega, una vez más, la verdadera partida. (en X: @caa174)

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