Nosotros, participes necesarios (Opinión)

julio



Los bochornosos sucesos de los últimos tiempos en Brown 286, ni siquiera dan para sentir vergüenza ajena, por el contrario, nos llevan a pensar que al igual que lo que en literatura se llama “la paradoja de Frankenstein”, que: “la criatura se come a su creador”; o lo que decía “el general” de: “la única verdad es la realidad”; o como remata Serrat: “nunca es triste la verdad, lo que no tiene remedio”, los gobernantes “que supimos conseguir” tristemente no están a la altura ni de las circunstancias ni de sus responsabilidades.

La manipulación de la tragedia de “Nico” Gutierre, por unos y otros, no en procura de la verdad y el consecuente castigo, sino para aprovechar la inercia de la consternación de la comunidad ante ese trágico hecho, sino para buscar un posicionamiento que ni por su trabajo, ni sus responsabilidades lograron, degrada a todos los que se zambulleron en ese charco inmundo.

Toda la tragedia a la postre desnuda a los actores y la verdad es que al verlos así no podemos evadir la responsabilidad que, como ciudadanos, con nuestro voto al proyectarlos a sus cargos, tenemos.

La tragedia de la muerte del jovencito, fue catalizadora de miserias y pusieron de manifiesto la pésima calidad institucional del grueso de nuestra dirigencia política. De esta condición no se salvan ni “Tirios ni Troyanos” ya que el arco político local, por acción u omisión, aporto la cuota de mediocridad, egoísmo, oportunismo y cinismo que por estos días afloro a vista y paciencia de quienes hayan querido mirar.

La calidad institucional que hoy padecemos los vecinos, es consecuencia de haber elegido como elegimos, por haber dejado que los partidos políticos hayan propuesto en sus listas electorales a los que hoy tenemos y a los que evidentemente “les queda grande el saco”.

Quizá esta triste realidad nos ayude a cobrar conciencia que los malos gobiernos duran tanto como los malos y que “no es para todos la bota de potro” sino que tenemos que obligar a las instituciones políticas a que presenten candidatos acordes a la hora y al futuro de nuestra comunidad, y que, más allá de sus militancias o compromisos internos, tengan las capacidades suficientes y necesaria para hacer lo que Juan Bautista Alberdi decía: “Gobernar, es administrar el bien común”

El acto electoral involucra un segundo en el ciudadano, pero ese segundo implica poner a gobernar a alguien o algunos por 4 años, es decir 48 meses; o sea 1.461 días que equivalen a 35.604 horas; o sea 2.103.840 minutos o si prefieren 126.230.400 segundos, sea este un buen o mal gobierno, por lo que es preciso ser muy consciente de lo que en ese segundo inicial vamos a desencadenar y padecer o disfrutar.

Como ciudadanos, no nos podemos desentender de la responsabilidad que nos cabe por votar como votamos, por lo que es preciso, más que nunca, para evitar “tropezar con la misma piedra” cobrar conciencia que somos, sino cómplices, al menos “participes necesarios”.

Julio Ramón Alcalde.

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