DESVIACIONES ANGULARES DE LAS RODILLAS EN NIÑOS


Se entiende por aquellas deformidades o desviaciones de la rodilla, las que producen una angulación de la rodilla más allá de los límites normales ya sea en el plano antero-posterior como lateral del miembro y obedece a diferentes causas de tipo fisiológica, congénita o adquirida. Las desviaciones más frecuentes son: Genu varum (piernas “chuecas”), el Genu valgus (piernas en “X”) y el Genus recurvatum (desviación de rodillas hacia atrás).

No existe un sexo predominante para estas deformidades. Las angulaciones fisiológicas (normales) de la rodilla son frecuentes en el niño pequeño. Estas deformidades tienen gran importancia en la adolescencia porque incapacitan para la práctica deportiva y por el aspecto antiestético de las piernas.

Las causas.

Las deformidades angulares de la rodilla más frecuentes son las fisiológicas que son bilaterales y se autocorrigen, o sea que el crecimiento normal de los huesos corrigen estas desviaciones. Solo hay que controlarlas. Las causas etiológicas que no corresponden con la normalidad y merecen más atención son:

  • Velocidad asimétrica de desarrollo del cartílago de crecimiento proximal de la tibia o distal del fémur.
  • Consolidación defectuosa de una fractura.
  • Trastornos del desarrollo: osteogénesis imperfecta, condrodisplasia, raquitismo, poliomielitis, infecciones, etc.
  • Incurvación congénita (de nacimiento) del fémur o la tibia.

Cuadro clínico.

Además de la evidente desviación antiestética puede variar desde fatiga rápida y debilitamiento de la musculatura cercana a la articulación, hasta alteración y debilitamiento en los componentes articulares de la rodilla (meniscos, ligamentos, etc.).

El tratamiento.

Las desviaciones fisiológicas no requieren tratamiento, salvo un cierto control. En los casos de alteración de una sola pierna o deformaciones no corregidas con el crecimiento se deberá realizar un seguimiento exhaustivo del niño y plantear una operación quirúrgica, pero no antes de que cumpla 14 años. Respecto a la adopción de otras medidas que puedan mejorar –o por el contrario, acentuar– la deformidad, es importante recordar que la postura en la que el niño duerma o se siente no repercute en la evolución. Lo que sí puede influir es la obesidad.

La mayoría de estos procesos suelen ser variantes de la normalidad, que se resuelven espontáneamente, sin tratamiento. No hace falta usar calzado especial ni aparatos correctores.

Dr. Edgar Torres, traumatólogo, Hospital A. Serra.

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