LESIÓN DE MENISCOS O SÍNDROME MENISCAL



Como su nombre lo indica es un conjunto de síntomas y signos que molestan al paciente con diferente intensidad. En la rodilla existen dos meniscos: el externo y el interno. Ambos son fibrocartílagos articulares en forma de semiluna que a modo de amortiguador actúan protegiendo a la rodilla de los impactos diarios. Además, permiten una mejor distribución de la carga y disminuyen el desgaste del cartílago articular.

Causas para las lesiones de meniscos.

Las causas son muy variadas y dependen fundamentalmente de la edad y estado de salud del paciente, entre las más comunes encontramos:

  • Las lesiones degenerativas que suelen ser por la edad o microtraumatismos que suceden a lo largo de los años (desgarros degenerativos).
  • Las lesiones traumáticas que ocasionan desgarros o roturas meniscales tras grandes impactos (violenta rotación, aplastamiento, repentina hiperextensión).
  • Las lesiones mecánicas que pueden ocurrir cuando el complejo articular de la rodilla presenta un mal funcionamiento.

Clínicamente la lesión meniscal se caracteriza por un intenso dolor agudo, localizado del lado interno o externo de la rodilla. Puede existir también  tumefacción por encima de la rodilla.

El diagnóstico es clínico casi en su exclusividad. El traumatólogo mediante la revisación de la rodilla, el interrogatorio y la utilización de diferentes maniobras semiológicas, puede confirmar la lesión. Es útil la realización de una resonancia nuclear magnética, para evaluar el tipo de lesión meniscal y la posible presencia de lesiones asociadas.

Tratamiento conservador.

Inmediatamente después de sufrir la lesión debemos seguir el protocolo RICE (reposo, hielo, compresión y elevación) para controlar tanto el dolor como la inflamación. Se recomienda utilizar muletas para no poner carga sobre la rodilla dañada. Si la lesión es leve, es posible que sólo con reposo y fisioterapia se pueda volver a la vida cotidiana tras un tiempo. De lo contrario, si el tratamiento conservador no da los resultados esperados quizás la una cirugía sea la solución.

Tratamiento quirúrgico.

Casi siempre se hace por artroscopia, ya que es una alternativa menos invasiva a las operaciones abiertas. Hoy en día, la cirugía más común es la meniscectomía parcial o selectiva donde se extraen sólo los fragmentos dañados del menisco. Después de la operación quirúrgica es importante realizar un tratamiento de rehabilitación a fin de mejorar y agilizar este proceso de recuperación.

Llevada a cabo la cirugía el pronóstico de la misma suele ser muy alentador en la mayoría de los casos.

Dr. Edgar Torres, traumatólogo, Hospital A. Serra.

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