Ubicado en la Galería Antares, el Museo de la Tierra y el Mar en Las Grutas se ha convertido en un punto de referencia para aquellos que desean conocer la memoria local y el esfuerzo comunitario que dio forma a la región.
Uno de sus responsables, Marcos Ucusich, explica que el museo no se limita a contar una historia única, sino que recoge las memorias de los habitantes, entendiendo que cada persona recuerda los hechos de manera distinta.
«Nosotros no le llamamos historia a las cosas que tenemos aquí, porque lo llamamos memoria. Cada persona recuerda de manera distinta, dependiendo de su experiencia y punto de vista. No podemos decir que algo pasó exactamente de una manera, porque hay distintas visiones de un mismo hecho. El museo recupera esa información y la guarda para que quien la necesite pueda venir, escucharla y sacar sus propias conclusiones», explica Ucusich.
El museo alberga una colección de fósiles locales, muchos de los cuales fueron encontrados y donados por los propios habitantes. «Esta zona era rica en fósiles. Cuando se hacía una calle, se encontraban dientes y otros restos, y las personas los guardaban en sus casas antes de donarlos aquí», relata Ucusich. Todos estos objetos están debidamente inventariados y pertenecen a la comisión del museo, asegurando su protección y preservación para las futuras generaciones.
El museo es un proyecto impulsado por una comisión de voluntarios que trabajan ad honorem. «Cuando empezamos, nos dimos cuenta de que faltaba capacitación. Yo soy informático, pero decidí estudiar museología y capacitarnos en conservación de documentos, entrevistas y otros aspectos fundamentales para el trabajo», agrega Ucusich.
El compromiso con la memoria local se refleja en la recopilación de relatos y fotografías. «No nos quedamos con las fotos originales, hacemos copias digitales y devolvemos las originales a sus dueños. Cada imagen es una captura en el tiempo que nos cuenta cómo eran las personas, los edificios y la vida cotidiana», señala. La conservación de este material es clave para la identidad de la comunidad.
A pesar de su importancia, el museo enfrenta desafíos para mantenerse abierto con regularidad. Actualmente, opera solo una vez por semana en temporada alta debido a la falta de personal. «Durante cuatro años atendí el museo todos los veranos, pero ahora, por cuestiones laborales, no puedo estar todos los días. Estamos intentando gestionar apoyo para que alguien pueda atender el museo más seguido», menciona Ucusich, destacando la importancia de contar con personas capacitadas y comprometidas con la causa.
El museo también se involucra con la comunidad educativa. «El año pasado trabajamos con la escuela primaria 362 para armar un contenido sobre la historia local para los niños de tercer grado. Aunque el material era básico, fue un primer paso para que los más jóvenes conozcan sus raíces», comenta.
El compromiso de Ucusich y su equipo con la memoria local no solo se limita a Las Grutas, ya que recientemente comenzó a trabajar en el museo de San Antonio. «Lo que pasa en San Antonio también afecta a Las Grutas, y viceversa. Ambas localidades están entrelazadas históricamente», explica.
Para quienes deseen apoyar el museo, pueden contactarse a través del teléfono indicado en la entrada del lugar. Además, se están organizando elecciones para la comisión, abiertas a quienes sean socios del museo. «No importa cuánto tiempo hayas vivido aquí, toda persona que ha pasado por Las Grutas ha aportado algo para mejorarla. Tener un registro de esas experiencias es fundamental para la memoria colectiva», concluye Ucusich.
El Museo de la Tierra y el Mar es más que un espacio de exhibición; es un testimonio vivo del esfuerzo y la historia compartida de la comunidad. Con una colección en constante crecimiento y un equipo dedicado, el museo se proyecta como un faro de identidad y memoria para Las Grutas y sus alrededores.